4.5.12

2034.


Qué alejado me siento ahora del mundo, supongo que con esta cabaña encontré de veras un sitio bien apartado.

Recuerdo hace muchos años ya cuando nos reíamos de aquel satélite o cohete que iba a lanzar Corea del Norte y que acabó hundiéndose en el mar. Nos reíamos porque en aquellos tiempos hacíamos humor de todo, las grandes economías mundiales se iban al carajo y más la nuestra y encontrábamos tiempo para hacer chistes. Nunca nos gustó tomarnos las cosas tan en serio.

Después todo ocurrió muy deprisa, la alianza de Kim Jong-un con Irán y con la nueva República Popular de China de la que Hong Kong se había escindido para mantener sus relaciones comerciales con Occidente, los atentados en las capitales europeas, tensión nuclear en aumento… y pronto llegaron las listas de reclutamiento obligatorio y la derogación de la objeción de conciencia.

Poco más sé de lo que fue de la Tercera Guerra y de mi viejo continente. Hace ya muchos años que no veo ningún vuelo comercial pintando el cielo con tiza blanca. A veces pienso en todas las personas a las que no he vuelto a ver y me arrepiento de haber huido, pero el miedo al ver tu nombre escrito en un papel en el que te reclaman para adiestramiento militar y saber que acabarás siendo otro cadáver más en el frente acribillado por las balas y el fuego y el odio hace que no pienses más que en escapar.

Ahora ya no sé si hay un hogar al que volver o no es más que un manto de cenizas y polvo.


2 comentarios:

Lobo de Bar dijo...

Ese papelito da mal rollo. Me hace recordar "Viaje al fin de la noche": «Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón".

P. Lavilha dijo...

Me apunto ese libro, y por supuesto la cita, me encanta.