8.2.13

Papiroflexia.


Hace un par de días leí en una revista o por ahí que a todo aquel que haga mil grullas de papel se le concede un deseo. Justamente por aquel entonces Tiger Lily me había enseñado a hacer barquitos, y me entusiasmó la idea de aprender a modelar tales grullas sagradas.

El caso es que no puedo parar de hacer grullas y dejarlas por cualquier esquina o en el retrete, o en mi clase, o en la barra del bar… ¡incluso se las voy regalando a desconocidos por la calle!

Y, como es lógico, no he podido evitar preguntarme qué deseo será el que se me cumpla, pues a veces me disfrazo de humano y como tal no sé lo que quiero.

2 comentarios:

Pilar dijo...

Aunque la papiroflexia y yo no nos llevamos bien (lo único de lo que estoy orgullosa es de mis aviones y sus parábolas perfectas), esta entrada me ha encantado, porque me ha recordado una historia que no debí olvidar....

¿Conoces a Sadako?

http://diapaz-colecarrion.blogspot.fr/2010_01_01_archive.html

P. Lavilha dijo...

Me sonaba la historia, pero nunca la había leído. Gracias por esa historia!