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13.9.11

La Navaja de Ockham.


-¿Qué te pasa, Paul? ¿Sigues pensando en ella?-me preguntó Aurora con sus ojos verdes intentando encontrar una respuesta en los míos, absortos en la tercera botella de König Ludwig. De vuelta en Umbrella Square después de tanto tiempo, pero no estoy triste ni melancólico, ¿por qué iba a estarlo? Todo va bien… sí, todo va bien. Supongo que hay gente como Aurora que parece saber siempre en qué estoy pensando, aunque ni yo mismo era consciente de mis propios pensamientos.
-Pienso en por qué no sé irme de todo aquello, de volver a tropezar con la misma piedra siempre que me sale al paso… pienso en por qué se empeña en ser una piedra.-contesté al final, tras medir cuidadosamente mis palabras.
-A ver, no lo veas así-me respondió-Es mucho más complicado.
-¿Qué sabes de la Navaja de Ockham?-inquirí con desdén, y Aurora se quedó con un rostro vacilante sin saber qué contestar.
A estas alturas de la historia, yo ya estaba algo cansado del asunto. Quizás no lo entendáis, y probablemente ni hoy ni mañana me ponga a explicarlo. Ya en varias ocasiones he dado pistas, pero, no se equivoquen, son pistas falsas, relatos febriles nacidos de un juicio basado en las conjeturas y delirios que flotan en el rechazo, aún aparente.

Acuerdo nº3: “No hagas suposiciones”.

-¿Qué es la Navaja de Ockham?-decidió preguntarme al final, mientras yo seguía con mi búsqueda interior de más vocablos poco frecuentes, decidiéndome finalmente por ser claro.
-Pues que todo es más sencillo que todo eso… joder, si hasta es fácil hacer que las cosas sean complicadas, ya lo estás viendo. Nos pasamos la vida intentando hacerlo todo difícil porque ¿cómo iba a ser esto tan simple? El problema es que no nos fiamos ni del jodido Universo y claro, nosotros no podemos no tener razón. ¿Pues sabes qué? Me he roto la cabeza y no pienso con claridad, nunca lo he hecho. Así que, si todo es tan complicado como dices, procura que no salte al vacío si no sabe dónde quiere caer.

 

25.1.11

La luna sobre Umbrella.

-Cuánto tiempo sin pasar por aquí-pensé, toda la plaza estaba igual que siempre. La misma luna que intentaba esconderse entre las pálidas nubes, las mismas gotas de lluvia entre los adoquines que centelleaban a la luz de los dorados faroles de siempre, el mismo gran paraguas.


Sin embargo, y esto es muy frecuente, no era del todo la misma plaza. Bueno, la misma plaza sí que era, pero, como para casi todo, algo había cambiado.

Habíamos comprado unas cuantas cervezas en el Campever’s para bebérnoslas en Umbrella Square, como siempre, bajo el gran paraguas.

A medida que la noche pasaba, el halo de la luna y las estrellas se iba haciendo cada vez más denso, y cada uno de los pocos que éramos en un principio iba abandonando su lugar para recorrer distintos bares en busca quizá de más acción o bebidas más fuertes. Pronto sólo quedamos Tiger Lily y yo.

No hablábamos de nada en concreto, las mismas palabras de siempre que, aunque sorprenda, eran siempre especiales y borrachas de cariño por su propia vida, por el mero deseo de que nunca dejásemos de pronunciarlas.

No recuerdo el momento en el que la vi… ¿quién si no iba a poder presentarse en una noche como aquella? Lorraine siempre aparecía cuando ya había conseguido olvidarme de ella. El corazón me dio un vuelco. Odio esa expresión porque a menudo se usa como hipérbole sin sentido, pero esa vez, como ya algunas otras, el mío intentó salirse de mi pecho, agitándose después con furia y escupiendo sangre ardiendo hacia mis sienes.

Intenté desviar la mirada -¡que no me vea!-pedí en silencio a las estrellas. Pero ya era tarde, ya estaba junto a nosotros blandiendo una desnuda botella de vino con tan sólo unos tragos en el fondo.

Nos saludamos y empezamos la misma conversación de siempre… ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal te va todo?... yo intentaba en vano no desearla, pero me resultaba imposible. Es ese brillo en los ojos que tal vez alguno ya habréis visto en otra persona. Ese vacuo resplandor a la vez tan lleno de pequeñas sensaciones en los dedos, de cuerdas invisibles que alzan las comisuras de los labios para esbozar una tímida sonrisa. Poco a poco nos fuimos quedando solos. Ella se levantó y me incitó a que la siguiera. Estaba claro que Tiger Lily no estaba invitada, y yo le consulté con la mirada qué debía de hacer. Me animó. -¡Ve con ella!-dijeron sus ojos titilantes.

Todo desapareció. -¿Qué carajo estoy haciendo?-dije para mis adentros. Me levanté, cogí a Lily de la mano y me alejé de Lorraine.

-¿Qué pasa, Paul? ¿Qué haces?-me preguntó Lily
-Sabes que llevo ya mucho tiempo esperando este momento.
-¡Por eso!-contestó-¿Qué haces desaprovechándolo aquí conmigo? ¡Ve! ¡Ve con ella!
-No digo ese momento. Tú estabas aquí, estás ahora, y sé que estarás después… y también sé que ella no estará cuando volvamos… nunca está.