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19.9.11

Dios nos odia a todos.

Me gusta imaginármelo de esta forma, algo así como en una recaudación de fondos o un evento por el estilo, lleno de elitistas y personajes famosos del mundillo literario. Un rollo de fiesta de ricachones asquerosos bañados en champagne con el mayordomo de la Presley paseándose con una imponente pirámide de  Ferrero Rocher.

Yo no soy exactamente yo, más bien una suerte de Hank Moody, en tiempos de bonanza, como en aquel relato, Convite, no sé si alguno se acuerda. Tal vez imaginármelo todo así no sea más que una sombra de las ganas de cierto éxito, de querer llegar a esas alturas para demostrarse a uno mismo que no es como aquella gentuza, no sé si me explico, supongo que un poco sí.

En esta fantasía no voy solo, pero a diferencia que en Convite, mi acompañante no es un florero. Es alguien que también tiene éxito en su mundillo particular, quizá tanto o más frívolo que en el que nos movemos ahora mismo. Creo que no haré alusión a este sector para evitar delatarme, ya sabéis, no tiene gracia si esa persona descubre que estoy hablando de ella, aunque, si lo pienso bien, tiene cierto morbo... pero... bueno ¿por dónde iba?... ¡Ah, sí! El caso es... el caso es que en esta fantasía yo soy yo pero algo cambiado, no mucho, no tanto como en Convite, donde la fama y el oro me apartan de mí mismo; pero ella... ella es igual. Por eso me gusta, porque no puedo inventarme un personaje para ella, ella es el propio personaje.

El final de la historia sería más o menos el mismo que en Convite, después de tiempos de apogeo, caída en picado a lo más bajo, lo que viene siendo tocar fondo, y después... supongo que después me convierto en lo que de verdad quería ser.

19.12.10

Un poco de alcohol y gentuza.

Y es lo que toca, aprovechar el tirón.


El alcohol verdaderamente no me inspira, o al menos en el sentido que la gente espera. Lo que realmente me inspira es la resaca. Esos momentos de enfermedad y amnesia que deprimen aunque se sepa con certeza que fue una gran noche.

La gente es alcohólica por integrarse en la sociedad, yo no soy tan diferente, siempre bebí porque es lo que vi desde que tengo memoria, pero no puedo evitar pensar en que lo mío es diferente.

¡Qué coño! Soy igual que los demás, que tú, que tú y que tú, sentirse diferente es creerse mejor y especial. Lo siento si lo sentías, eres igual de ruin que nosotros los demás, otro despojo, pero oye, no eres tan malo, supongo que por eso de que el resto sí lo sea.

Haz caso a tu padre, deja de decir que vas a hacer tantas cosas y hazlas de una puta vez –esto último me lo digo yo desde la boca de otro cualquiera, todos necesitamos sentirnos bien-.