Hace un par de días leí en una revista o por ahí que a todo
aquel que haga mil grullas de papel se le concede un deseo. Justamente por
aquel entonces Tiger Lily me había enseñado a hacer barquitos, y me entusiasmó
la idea de aprender a modelar tales grullas sagradas.
El caso es que no puedo parar de hacer grullas y dejarlas
por cualquier esquina o en el retrete, o en mi clase, o en la barra del bar…
¡incluso se las voy regalando a desconocidos por la calle!
Y, como es lógico, no he podido evitar preguntarme qué deseo
será el que se me cumpla, pues a veces me disfrazo de humano y como tal no sé
lo que quiero.
