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8.12.11

Interludio en patines.




Me levanté muy ligero, como en una nube. No me sorprendió salir de mi habitación y estar ya en la calle, tampoco que todos los peatones llevasen patines en los pies. Bueno, realmente esto sí que me pareció lo suficientemente extravagante como para mirar mis pies para confirmar que esa sensación de ser casi diez centímetros más alto no se debía a que yo también calzase un par de esos ridículos patines.

Levanté de nuevo la mirada con una sonrisa, yo también llevaba patines, sí, pero no me sentía del todo fuera de lugar, al fin y al cabo, hasta aquel abuelo llevaba un patín en su bastón como en sus pies.
                
Me deslicé calle abajo por en medio de la carretera, ya que no había coches, sólo gente sentada en sillas de oficina que se empujaba con los pies, zigzagueé entre los lentos vehículos monoplaza hasta lo que parecía ser una taberna irlandesa sacada de una película. A estas alturas no me parecía raro nada de lo que veía, todo el mundo iba con un globo atado a la muñeca, los había rojos, azules y amarillos, pero no de más colores. Incluso creo que llegué a ver a Wally-Ya lo encontré-pensé satisfecho.
                
Abrí la pesada puerta de la taberna, esperaba que sonase la típica campanilla, pero en su lugar sonó un tremendo bocinazo que sobresaltó a todos los viejos y gordos bebedores de la barra. Yo por mi parte protagonicé una espectacular entrada, resbalando con los patines hasta estrellarme contra el frío suelo. Aparte del pequeño susto que hizo saltar sobre sus taburetes a los clientes, nadie pareció darse cuenta de que un muchacho melenudo ataviado con unos patines hubiese irrumpido en el local de tan escandalosa manera.
                
Me acerqué a la barra sigilosamente, ahora ya no quería llamar la atención,  sólo me apetecía una cerveza de las cojonudas, de las que te tiran la mitad de la jarra y la dejan reposar para acabar de llenártela, dejando una espuma perfecta y un sabor más, no sé, más casero, más cálido, más puro.
                
-Jefe, ponme una jarra de rubia.
                
El camarero apenas se inmutó, se movió mecánicamente, se acercó al grifo con el vaso que parecía levar limpiando durante horas, al principio pensé que me había tocado de barril nuevo, ya que al principio siempre sale mucha espuma, pero cuando vi que llenaba el vaso de eso, y me lo servía, me quedé como, en fin, ¿cómo se queda un tipo como yo cuando al pedir una cerveza le sirven una jarra de leche? Espera… Sí, era leche joder. Dios mío de esta no salgo. Me está empezando a entrar la paranoia, piensa a ver… Voy en patines, la gente lleva globos… Todo era raro, pero no lo suficiente para mí, ya me conozco. Quizás…
                
-¡Paul!
                
Sí, un segundo, un momento por favor, ahora no.
                
-¡¡PAUL!!

25.8.11

Patos en V.

Tal vez sea por la cantidad de horas que he estado últimamente con los ojos secos ante la pantalla deseando cerrarse o mis dedos callosos salpicando llamas del número 2, o que echo de menos a Poe, o que me estoy volviendo loco... pero creo que he visto a una familia de patos bañándose en mi piscina.

Tengo tantas historias que contar... muchas, en serio. Espero poder ponerme algún día, quizás dentro de un mes, cuando todo vuelva a la normalidad.

Tantas agujas de coser, música alta, zapatos de claqué... y a mí sólo me apetece una balsa hecha con palmeras y beber la leche de aquel coco peludo de ahí.

Pronto los patos se irán volando en formación de punta de flecha... pero, ¡ey! estoy bien, le sacaré brillo a mi escritorio para cuando vaya a usarlo.

Mientras tanto...

28.1.10

En otro orden de cosas.

¿Qué se echa primero, los cereales o la leche? ¿el cola-cao o la leche?

¿Cómo se limpia uno el culo, sentado o de pie?

¿Cada cuánto tiempo hay que cambiar de pijama?

12.1.10

Notas viejas, siempre de un borracho (IV).

San Crispín, Patrón de las Hamburguesas.

Me escondo tras un vaso, soy tímido, no doy la cara.

Arranqué el grifo del baño de La Vieja Estación.

Siendo diferente es difícil encontrar tu sitio... yo aún no lo he encontrado.

La gente se vende por nada. Sois como borregos.

4: no se qué AM. veo hasta los colores diferentes.

G/Bc 28216

Pensad alguna vez en cómo sois y os comportáis en público. Yo, por ejemplo, me caigo bien la mayor parte del tiempo, cuando estoy solo, que es cuando soy yo. Sin embargo, no puedo evitar pensar que cuando hablo con otra gente soy un capuyo, me caería mal ese tipo, Lavilha, o como se llame. Piénsalo, sólo se es uno mismo cuando se está solo, sin verguenzas ni influencias.

La clave está en los comienzos simples, el resto de la historia es lo realmente importante.

Si no piensas es más fácil, pero también más aburrido.

Mono besando y sonrriendo.

Cinta amarilla y negra.

Vete a un bar y pide un vaso de leche, a ver qué pasa.

Puede que algunas notas estén ya publicadas con anterioridad. NdA.