Mostrando entradas con la etiqueta hogar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hogar. Mostrar todas las entradas

18.4.15

Casiopea.

a Jerry García.


Pasaba los días acumulando sueños, inspirándome con mis propias aspiraciones, testigo del transcurrir con caparazón redondo y pies de quelonio.

Pulsé un botón que me sacudió levemente el índice de un chispazo y la pantalla se puso en standby, la tierra tragóseme, y desde entonces introduzco un boleto en el torniquete que la hace girar, y así voy y así vuelvo, cuando me escupe.

Por el camino vi cómo del teléfono de una muchacha salían unas garras negras y transparentes que se hincaban en su nuca y tiraban hacía sí de la cabeza solazada. Y pensé que algún día tendremos dos pares de pulgares y serán los aparatos los que jueguen con nosotros.

Se adivina la acera entre la basura, y entre los bosques de corbatas me percibo como un paria y me zambullo en una sonrisa que va flotando por encima de los semáforos, y las parabólicas y, entre comillas, estoy en casa.

Paladines de la tristeza visten ojeras por armadura, y el único paisaje que se vislumbra por la ventana es el propio reflejo del interior del tubo, y las pupilas se esquivan como polos idénticos. Y me disfrazo de un único grano de arena que en un desierto se vuelve nada.

Café y canhaba para las mañanas con el redondo rubio colándose a través de las cortinas. Yo sólo me entretengo intentando ver qué tengo en el tenedor y sólo sé que no estoy aquí para gustarte a ti, así que fluyo.

Me voy al traste y me encuentro entre las cuerdas, coma, las teclas, las letras, las notas, punto. Me acuerdo de las cosas por el olfato y con tanto humo no sé si fue ayer o será cuándo.

La vida se sucede y nos damos cuenta y nos anestesiamos y al final uno se encuentra cómodo siendo un punto en perfecta autocomplacencia, feliz ciega y sosegadamente. Y cuando toca salir a respirar, nos vemos maravillados por la luz de la superficie como si aquello no fuera lo real y se tratara más bien de un sueño.

Y es que la realidad no la dictan las palabras, sino los hechos. Y pensando de más, pasa lo de siempre, y lo demás lo traemos porque lo hemos cogido en el laberinto que construimos y ahí mismo nos perdimos por tener muy corto el hilo.

Olvidé los globos de colores, las burbujas, los olores. Olvidé los ronquidos de dragones, las piedras rebotando en el río, la leña ardiendo de noche, el zumbido de los mosquitos. Olvidé el dormir despierto y el soñar contigo.

Pero tengo una amapola, y un pez bajo el ombligo. Tengo también un colibrí que liba por mí y pulula en espiral por mis pupilas y entre los otros. Tengo que escribirlo. Traigo un rostro roto por cada nuevo descosido y está todo en garabatos en cuadernos y si lo leo me voy conmigo.


Suelto una lágrima y sonrío. Y me digo que nos hacemos viejos, amigo, que vamos por buen camino. Que el hogar está donde está el trasero, y que siempre nos tendremos, aunque el suelo no sea el mismo.

Brandon Dover

4.5.12

2034.


Qué alejado me siento ahora del mundo, supongo que con esta cabaña encontré de veras un sitio bien apartado.

Recuerdo hace muchos años ya cuando nos reíamos de aquel satélite o cohete que iba a lanzar Corea del Norte y que acabó hundiéndose en el mar. Nos reíamos porque en aquellos tiempos hacíamos humor de todo, las grandes economías mundiales se iban al carajo y más la nuestra y encontrábamos tiempo para hacer chistes. Nunca nos gustó tomarnos las cosas tan en serio.

Después todo ocurrió muy deprisa, la alianza de Kim Jong-un con Irán y con la nueva República Popular de China de la que Hong Kong se había escindido para mantener sus relaciones comerciales con Occidente, los atentados en las capitales europeas, tensión nuclear en aumento… y pronto llegaron las listas de reclutamiento obligatorio y la derogación de la objeción de conciencia.

Poco más sé de lo que fue de la Tercera Guerra y de mi viejo continente. Hace ya muchos años que no veo ningún vuelo comercial pintando el cielo con tiza blanca. A veces pienso en todas las personas a las que no he vuelto a ver y me arrepiento de haber huido, pero el miedo al ver tu nombre escrito en un papel en el que te reclaman para adiestramiento militar y saber que acabarás siendo otro cadáver más en el frente acribillado por las balas y el fuego y el odio hace que no pienses más que en escapar.

Ahora ya no sé si hay un hogar al que volver o no es más que un manto de cenizas y polvo.