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24.1.14

recuerdos confusos de una noche en el sol naciente.

recuerdos confusos de una noche en el sol naciente. —¿qué te ha pasado en el pelo? —no sé. últimamente no ha dejado de crecer. la cerveza que me ha servido el mozo tiene demasiada espuma así que la dejo reposar un rato mientras divago. tengo una cicatriz pálida en el lado interior de la muñeca izquierda, de aquella vez que me pasé todo el quinto mes inconsciente o desmayado. siento que el sol ha cruzado de lado a lado a mi alrededor, pues yo no me he movido apenas, hablando en términos astronómicos. me imagino cómo será la luna, si le gustó alguna vez alguno de mis poemas. para crear  hay que destruirse un poquito. apuré la cerveza. pedí otra. encendí un cigarro. ¿qué día era, miércoles? la puerta seguía en el rabillo de mi ojo. pero mi pupila seguía negra como aquel agujero en el cielo que vi el otro día. agarré la mano de mi hermana mientras todo se desvanecía a nuestro alrededor y yo pensando en qué decir. te quiero. pero fue un grito mudo nadando en nada. escudriñé mi cuaderno y no vi más que garabatos de un tal testa. ya no recuerdo bien a ese tipo, creo que se mudó a estagira. me siento tan solo aquí sentado. alguien se puso a tocar el piano entonces y susurraba una canción preciosa. miré el fondo dorado de mi jarra y no me vi reflejado en él. ¿qué habrá sido del viejo village? lo último que supe de él fue que le trincaron deshaciéndose de un cadáver con su psicólogo. no sé cómo fue que le soltaron después y ahora anda perdido por los canales. otros dicen que la última primavera se subió a un ático en la luna con un sombrero de paja y estalló en mil pedazos. a la gente le gusta contar historias. yo mientras tanto he puesto una bombilla dentro de un vaso medio lleno de agua en el alféizar de mi ventana y así me paso la tarde. observándola. esperando a que se encienda. destrozo un palillo entre los dedos con ese crujido de gozo. y mi cordón se ha vuelto gris. gente. infierno. ángeles. bau del aire. heráclito. me siento adormecido. intento coger impulso para dar la vuelta con el columpio y ya se me han cansado los brazos y las piernas. pido un trago de whisky y otra cerveza. me dejo caer sobre la barra y respiro. he vuelto a ver esa pradera verde verde y joroschó hendida por un serpenteante riachuelo donde hay un hipopótamo púrpura llamado otto que al final resultó no ser más que un rinoceronte amarillo con un solo cuerno. me acordé de aquel porche a medio construir donde tocaba la guitarra frente a las marismas hablando una lengua extraña. el sol se puso ese día rojo y desde entonces casi que no lo he vuelto a ver. y aquí estoy ahora, en el sol naciente. destruyéndome un poquito para así poder crear. en el fondo hay un globo sobre una cuchara y su sombra intenta decir algo, pero no lo entiendo. así se muere y ni con dedales se arregla. y todo cae. un tipo con guitarra y armónica cantó entonces: todo está bien, mamá, sólo estoy sangrando. está bien, mamá, puedo hacerlo. nacemos para ser nosotros. está bien. me limpié rápidamente una lágrima y disimulé bebiendo la cerveza. todo está en llamas y algún día los peces se lo comerán todo. los asesinos son indultados y yo me tengo que poner la gorra para ocultar unos ojos rojos. pero todo está bien. es la vida y sólo la vida. nos sobrevivimos. estamos aquí. pero eso tampoco me lo creo y sorbo ruidosamente un trago. no hay nadie alrededor y el mozo ha dejado encendida una lámpara solo para mí. buenas noches, mascullo. y recojo las cuartillas en las que he estado pintando círculos y triángulos. nunca deja de amanecer en el sol naciente como en una broma de mal gusto antigua y con sombrero de copa. mi paraguas está roto y parece una especie de bestia mitad murciélago mitad tarántula, pero no creo que vaya a llover.

18.12.12

Capítulo XXX (Parte I).



El sueño de la razón produce monstruos, o algo así se llamaba un viejo grabado que vi una vez en un libro. En él una oscura bandada de murciélagos y lechuzas atormentaba a un pobre hombre que se había desplomado, abatido, sobre su escritorio. Es curioso cómo en un dibujo puede caber tanto terror y cansancio, aunque no es nada comparado con lo que puede albergar la mente humana, con todos los tormentos a los que puede ser sometida. Siempre he creído que el Universo no puede estar formado únicamente por miedo y penurias, que ha de haber algo bueno, simplemente por aquello de las energías opuestas que mantienen cierto equilibrio —aunque tampoco estoy muy seguro de esto último—. Por eso, el día que recordé aquel grabado, decidí dejar de ser aquel tipo compungido que esconde su afligida cabeza de los monstruos del mundo, y empezar a mirar alrededor. —Todo está en mi cabeza —pensé—, estos engendros alados no pretenden más que asustarme, no pueden hacerme ningún daño. Y si pueden, bien vale la pena intentar ver qué hay más allá de mi escritorio.

Decidí, pues, cambiar de aires. Dejé un aburrido trabajo en la gran ciudad, me despedí de las pocas personas que sabían mi nombre, vendí mi destartalado piso —televisión incluida— y me mudé a donde decidió una moneda lanzada sobre un mapa. Y esa es la historia de mi vida, o al menos hasta ahora. No tengo que añadir nada más que lo que está por acontecer.

Subí por la escalera tras el gordo sudoroso que a partir de ahora sería mi casero, que me conducía a mi nueva habitación. Era un viejo y estrecho edificio de tres plantas —en la tercera estaba mi cuarto— situado en una bonita calle del centro de Estagira —ese es el nombre de la ciudad— llena de árboles y con poco tráfico. Todo olía a viejo, una mezcla entre polvo y naftalina, algo desconcertante, ya que las cortinas estaban casi totalmente roídas por las polillas.

—Está bien, señor Testa —dijo el gordo y sudoroso casero, fatigado por la subida—. Este es su cuarto. Puede amueblarlo si quiere. Recuerde que son veintiuna dracmas a la semana, por adelantado. Servimos desayunos sólo los miércoles y si necesita una toalla serán dos dracmas más. No tenemos servicio, así que podrá usar ese cubo de ahí para aguas menores.
—¿Y para las mayores? —interrumpí yo.
—Puede ir al bar de al lado, si quiere.
—Oh, está bien.
—Si me necesita estaré abajo.

Le mostré mi agradecimiento con una sonrisa y una leve reverencia y cogí la llave que me ofreció, tras lo cual se dio la vuelta y volvió a bajar por la escalera, que se quejaba con unos crujidos lastimeros. Incluso me pareció oír una voz de madera blasfemando.

Me planté entonces frente a mi nuevo hogar. No era nada del otro mundo, un cuarto diáfano con el suelo de tablas de madera pintadas de blanco y las paredes de cal un poco desconchadas. Tenía una ventana con los cristales sucios y las cortinas carcomidas, pero era bastante amplia y entraba mucha luz, incluso tenía un alféizar de ladrillo en el que podría poner un par de plantas. Justo en el centro de la habitación estaba el polvoriento colchón que, junto al cubo de plástico del rincón, era el único mueble de la estancia.

Pensé que a esa habitación lo que le hacía falta era una mano de pintura, así que fui a la planta baja y le pedí al gordo y sudoroso casero algunos botes. Dio la casualidad de que le quedaba un poco de rojo y un poco de azul, y me parecieron dos buenos colores para dar alegría al suelo.

Dejé mi chaqueta y mis zapatos y mis calcetines sobre el colchón, junto a la maleta, y me arremangué la camisa y los pantalones. Coloreé concienzudamente cada fila de tablas de madera del suelo de un color, lo que hacía que pareciese una gran lona de carpa circense puesta de alfombra. No tardé en darme cuenta de que había naufragado en una pequeña isla —que era el colchón—en un inmenso océano de pintura húmeda, y para colmo la puerta y la ventana estaban cerradas.

Pronto me sentí algo sofocado y mareado. Las paredes parecían poder acercarse y alejarse a la vez y me notaba adormecido. Pensé en que mis huellas púrpuras afearían el suelo —con lo bien que había quedado—, y además no quedaba más pintura para arreglar el estropicio. Me atusé el pelo y la barba como pensando, pero mi mente divagaba como hechizada por un flautista de leotardos rallados escondido, tal vez en aquel cubo. Me acurruqué entonces en el sorprendentemente cómodo colchón y me quedé completamente dormido, sabiendo que cuando despertara la pintura ya estaría seca.

4.6.11

La mano del escribiente.

         Mi vida no era mucho más interesante antes de llegar aquí, todo era previsible. No me refiero a saber qué iba a cenar al día siguiente ni el color de mi camisa un miércoles cualquiera, sino a que no iba a pasar nada especialmente particular. Podías echar una ojeada a mi diario entonces y no ver más que recortes de periódicos con las noticias menos aburridas del día.

         Creo que fue el agotamiento por una vida así lo que me llevó a escapar de todo aquello, no hubo ninguna gota que colmase ningún vaso. Y es raro que ocurriese así, sin más, porque no soy una persona impulsiva.

         Como iba diciendo, mi vida no era más interesante antes de llegar aquí, ahora tampoco es especialmente emocionante, pero tengo algo que antes no tenía. No sé muy bien el qué, tampoco he cambiado tanto…

         Ya no me obsesiono con el jabón y la limpieza exhaustiva de mi cuerpo, ya no me despierto exactamente cuando dicta la campana del reloj, ahora espero a que el sol se filtre entre las cortinas y abra mis ojos, apenas me lavo la cara con un poco de agua y bajo al bar a desayunar unos huevos, todo para esperar a que ocurra algo.

         No creo que estos hayan sido cambios de los que cambian una vida, pero la mía lo ha hecho y no se imaginan cuánto.

         A menudo echo una mirada atrás y pienso que aquella vida no estaba tan vacía como muchos podrían pensar, ha habido muchos amigos y muchas mujeres en ella, pero creo que el problema era que yo no estaba en las suyas.

         Por eso hice bien en dejarlo todo y venirme al caluroso y húmedo sur donde no tengo nada. Ya saben, si no tienes nada, no necesitas nada. Siendo sinceros, me refiero a una nada metafórica, ¡claro que tengo cosas! Tengo mi ropa, mi habitación en la segunda planta del hostal Sol Naciente, mis libros, mi máquina de escribir… he empezado a escribir una novela, aún no tiene título, trata de… bueno, más bien no es una novela propiamente dicha, es una especie de recopilación de relatos cortos sin mucha relación entre sí, presentados cada uno como un capítulo. Voy guardando todas las páginas que voy escribiendo en una carpeta roja, y tomo notas en pequeños cuadernos de cartón que llevo siempre conmigo. Aún sigo pensando en el increíble final en el que todo cobra sentido, pero todavía no he dado con él.

         Algunas veces, cuando tomo notas en mi cuaderno mientras me tomo una cerveza en el bar del hostal, algún parroquiano se me acerca con curiosidad y me pregunta que qué estoy escribiendo. Me suele molestar, porque pierdo la concentración, pero contesto calmadamente que tomo notas para la novela que estoy escribiendo, bueno, no una novela, sino una recopilación de relatos cortos sin demasiada relación entre sí. Y se alejan con las mismas dudas con las que se acercaron. ¿Qué demonios quieren que les conteste?

         ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Todo lo que había soñado Enola era una vida sencilla…


29.11.10

Primera noche en El Sol.

La lluvia que reposaba en charcos sobre el asfalto me trepaba por las perneras del pantalón. Hacía poco que había bajado del tren y ya me encontraba calado hasta los huesos.

Nueva ciudad, sin nadie conocido, buscando otra vez una bola pesada con una cadena al tobillo que me atase al mundo.

No llevaba equipaje apenas, sólo una vieja y raída maleta de cartón con un par de camisas y mudas, además de un pequeño libro rojo en blanco.

Ésa era la verdadera intención de mi mudanza a una ciudad desconocida, llenar un libro rojo.

Se hacía de noche, vagué un poco junto al río que atravesaba la urbe, como una arteria qu traía mensajes de la montaña para llevar otros al mar. Pronto encontrñe una vieja casa con cortinas rojas, que lucía sobre su puerta un cartel que rezaba Hostal Sol Naciente.

Podía permitirm unas cuantas noches ahí antes de encontrar algún trabajo, así que alquilé una habitación. El hostal era de una pareja de unos sesenta años. La mujer se encargaba de hacer la comida y las habitaciones, mientras que el hombre hacía de conserge y de camarero en el bar de la planta baja.

Necesitaba un trago, fui al bar, me senté frente a los grifos de cerveza y pedí una pinta.

Abrí por la primera página de mi libro, aún en blanco, y cuando me disponía a estropearla con alguna mala idea, el viejo barman interrumpió mis pensamientos.

-¿Qué hay, amigo? ¿Qué le trae, a un muchacho joven como usted, a un sitio como éste?
-¿A qué se refiere?
-Ya sabe... tan alejado de de la noche en la ciudad, sin... sin mujeres.
-Bueno, supongo que todos queremos estar solos de vez en cuando.
-Le han roto el corazón hace poco ¿me equivoco?
-Digamos que me di cuenta de que cuando una mujer consigue que me olvide de otra, ésta ocupa el lugar de la primera, y por esta vez quería dejar el corazón vacío por un tiempo.
-Pero... entonces aún no se ha olvidado de la última.
-Y quiero conseguirlo por mis propios medios.
-¿Con un libro en blanco y una cerveza?
-Es posible.
-Pues permítame invitarle a otra, si no le importa contarme qué hizo para que usted quiera olvidarse de ella. Por aquí no pasa mucha gente y muy pocos dan conversación.
-La verdad, ahora que lo pregunta, no sabría qué responderle, pero aceptaré esa cerveza. Supongo... supongo que soy yo el que no sabe hacer las cosas. Me falta algo y he venido a buscarlo.

12.10.10

Día H, segunda parte.

Esta vez me gustaría lanzar la pregunta... ¿Qué pasa con la bandera de España? ¿Es de verdad nuestra bandera?

En días como el que viene mañana se podría decir que sí, pero no más que cuando la selección juega algún partido o torneo importante, aunque por casi todos es bien sabido que lucir la rojigualda es sinónimo de conservadurismo, e incluso de fascismo.

¿Pero por qué?

A mí no me gusta tampoco que se conserve una bandera que durante casi 40 años fue el símbolo de una penosa dictadura, y me encantaría como al que más que se cambiase por una con algún toque púrpura y sin sangre azul ni títulos nobiliarios obsoletos e inútiles, pero también me gustaría que la actual no tuviese las connotaciones que recaen sobre ella, porque es como negar el derecho de libertad a levantar una bandera que para cada uno de los 47 millones que vivimos en este pedazo de tierra representa de una forma distinta. ¿Por qué no?

26.11.09

Sucia II y las cuatro rayas.

Parece ser que en todos los cursos a los que he ido desde el año pasado hay un personaje en concreto al que yo suelo denominar "sucia". Este término lo aplico al femenino porque todas las que he conocido son mujeres, aunque no tenga nada que ver con el sexo, sino con la propia personalidad de esa persona. A la primera de las cuales, en Asturias, le bautizamos además con el nombre de Clamidia, y el apellido, por supuesto era Sucia; pero de momento la Sucia de aquí, de Segovia, no tiene un nombre propio que ahora mismo me interese revelar.

Las gratas palabras que nos regaló a mi y al resto de mi clase esta mañana fueron las de calificar las obras de  Piet Mondrian como tonterías que podría hacer hasta ella, que ya las hacía ella en primaria. Después admitió que nunca en su p**a (puta) vida había estudiado ninguna asignatura relacionada con el Arte, excepto la tal vez archiconocida Plástica, que ilumina a los jóvenes con geniales teorías pictóricas, escultóricas y arquitectónicas, que no necesitan de ampliaciones posteriores (Sarcasmo).

Para ubicar a los desconocedores, que no ignorantes, de la pintura de Mondrian, se puede decir que
éste es el máximo exponente del Neoplasticismo, corriente pictórica del periodo de entreguerras, es decir, años veinte y treinta.


Muchos pensaréis que éstas "cuatro rayas con algunos colores" sean una estupidez, por ello recurro a la definición de neoplasticismo del propio Mondrian, que expone en su ensayo El Neoplasticismo en el arte pictórico.

La abstracción de todas las formas y todos los colores, o sea, en las líneas rectas y en los colores primarios netamente definidos.                          
Piet Mondrian
Es decir, continuaba con la línea vanguardista de simplificar las formas, y la máxima abstracción posible era eso, líneas y colores primarios.

También decía que las líneas horizontales equivalían a la tensión vida-muerte, mientras que las verticales hacían referencia a los hechos orgánicos.

A mi particularmente no me apasionan estas obras, no es que no me gusten, sino que prefiero otras; en cambio puedo defender este arte de las opiniones de gente como mi querida amiga con mi teoría del vaso. Es muy probable que mucha gente haya desarrollado también esta teoría, aunque con un ejemplo distinto, así que no me proclamaré autor absoluto de la misma.

Se expondría este caso del siguiente modo, Sucia dice: "Eso lo podría hacer cualquiera". El agente mayéutico que representaría mis ideas, al que llamaré, por ejemplo, Cordón Verde, respondería: "Cualquiera podría haber inventado el vaso, un instrumento sencillo a más no poder que cumple perfectamente sus funciones de almacenamiento y distribución de líquidos (mejor si es cerveza), pero no por esa razón hay que restarle importancia al hecho de que alguien lo hiciese antes, ya que ese alguien partió de la nada, mientras que los demás que ahora podrían inventarlo ya tienen esa idea en mente".        

11.6.09

De símbolos mal empleados.

Mira, yo no soy rasta ni sigo mucho la cultura aunque sí que de vez en cuando escucho reggae, el caso es que estoy cansado de ver en tantos carteles anunciando conciertos de esta música o en imágenes relativas a la cultura que se coloca la bandera rastafari al revés. Esta bandera está compuesta por tres franjas tricolores, rojo, oro y verde. El rojo representa la sangre de los mártires, el dorado o amarillo la riqueza y la prosperidad que África, de donde proviene este movimiento, tiene que ofrecer. El verde simboliza la tierra y vegetación de Zión (Etiopía).

Al mostrar siempre esta bandera al revés como hacen los incultos que creen seguir esta cultura, están colocando el rojo debajo del verde, es decir, la sangre bajo tierra, lo que simboliza ''Muerte''.

Me resulta bastante lamentable levantar símbolos y banderas si no se comprende su significado, ya que el incorrecto uso de estos símbolos lleva a equivocaciones y a errores.