O. se vio dentro de un cubo dentro de una burbuja que
flotaba entre más burbujas y así. Después se giró y cerró el círculo otra vez,
que es lo que pasa siempre. Se dijo: «Transmitimos nuestros errores de
generación en generación hasta que haya una que dé con la tecla y aprenda de
una vez o lo que llaman Nirvana». O. se puso las manos delante de la boca como
imitando un gran mostacho y entonces musitó: «Soy O. y hoy voy». Paparpadeó y
se mojó los dedos con la lengua para pasar de página, si es que sabe más el
viejo por viejo que por zorro. O., que solía caminar siguiendo las mariposas
azules esperando encontrar alguna amapola sola allá, fuera del muro. O. se
durmió hecho un ovillo o una oruga y después contó ovejas. O. hecho un círculo,
soñó: «La NADA es igual de grande que el TODO o, si no, ¿CÓMO?». Pero así le
pasaba a O. con casi todo, como al dodo. O. se desnudó para darse un baño y
cuando estuvo bien remojado y enjabonado se sumergió entre las burbujas y
entonces O. se vio dentro de un cubo.
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6.5.14
8.10.12
El muro de espejo.
Se vio frente al inexpugnable muro de espejo, temerosa del
futuro, de lo que hay ahí detrás. ¿Cómo cruzarlo, pues, con tan inmensa muralla
de dudas?
Hasta el más loco sabe que el mundo cambia con tu propia
percepción, es decir, que todo en el espejo gira cuando tú giras, así que lo
único que tuvo que hacer Tiger Lily fue caminar cinco pasos hacia atrás y hacer
que su reflejo fuese más lejano, más pequeño.
Porque la enorme pared de espejo tiene un pequeño resquicio,
una diminuta rendija, y hasta el más loco sabe que hay que hacerse minúsculo
para pasar por ahí.
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por
'P. Lavilha
1 comentarios
Etiquetas:
cuento,
espejo,
loco,
muro,
percepción,
Tiger Lily
3.5.12
Otro ladrillo en el muro.
El muro es algo que no construimos sólo con nuestras manos,
cada insulto, cada burla, así como cada caricia y cada mirada, son otro
ladrillo más. El muro es lo que nos diferencia, es lo nuestro, y yo no quiero
que los ladrillos de mi muro sean objetos. Roger Waters dijo todo lo que yo
quisiera haber escrito. El niño creció.
El sueño terminó. Y si cada momento es un tic-tac, de los que cada uno
cuenta, tendré que seguir poniendo ladrillos, pues el último es el que mata.
Porque no es lo que pienso cuando me levanto por la mañana, es lo que aún
ronronea en mi cabeza cuando intento cerrar los ojos.
Dadme silencio. Silencio y una ventana desconocida, y puede
que así consiga traer más palabras. No estoy seguro ahora, y mis bolsillos
están vacíos.
Tengo un pequeño cuaderno de cartón donde guardo disueltas
notas y aturdidas frases manchadas de alcohol y algún que otro rayo de sol.
Tengo más de cien libros en mi estantería y ninguno lo he escrito yo. Tengo una
maleta nueva y un par de botas con cordones, y creo que no necesito ningún
sitio al que volar mientras me quede cielo.
No quiero seguir tachando días del calendario, y aún hay cosas
que no entiendo. No quiero ver buitres de acero en este cielo. No quiero gris.
Tampoco quiero un techo en mi muro.
—¿Hay
alguien ahí dentro? —dicen, pero no les importa.
—¿Hay
alguien ahí fuera? —digo yo, pero nadie contesta.
Sólo los gusanos podrán derribar
mi muro.
Inspirado en Pink Floyd: The Wall
9.11.09
20 años sin el muro.
No sabría qué decir, qué nombres, datos, fechas dar; sólo quería homenajear este acontecimiento histórico que cumple hoy 20 años. 20 años sin el Muro de la vergüenza.
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