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20.7.14

Veintiocho días.

Recibí un encargo: un completo dossier con toda la información que pudiera encontrar acerca de la luna. Una tarea harto ardua si tenemos en cuenta que vivimos en el año veintitrés, en el tercer mes, nada menos.

Yo desde siempre había pensado que la luna era algún tipo de reflejo del mar en la bóveda celeste, la cual todos creían hecha de cualquier tejido, aunque yo más bien sospechaba que se trataba de una suerte de mineral pulido y cóncavo; Unos sabios en las montañas me revelaron que no era nada de eso, que la luna es un centinela, un calendario, una esfera que todas las noches se levanta para observar, ¿y qué ve? Nada más que puntos luminosos como los que aquí vemos en el cielo.

Ella está enamorada de los mares de aquí abajo, y los mira. Y se miran. Del mismo modo en que dos niños se tumban sobre la hierba para mirar las nubes. Sólo con los ojos, quizá señalando con el dedo. Todo da una vuelta y ahora en vez de un pez o un caballo veo un mono y la bruja volando con su escoba se volvió una flor y el dragón calmó sus malos humos para volverse yo y yo en calavera otra vez y otra vez otra vez todo un dodo jugando a los dados.

Veintiocho días, en resumen; me dijo un carpintero que se aburría de tantas mesas y sendas sillas. Y suele estar sonriendo o triste, pero eso depende de cómo ladees la cabeza.

El resto de documentos o los perdí o eran galimatías de la más diversa índole, decían: ¡Ciao Lilu! o garabatos en papiros. Pero si algo he aprendido es que cada vez que la miro me acuerdo de alguien que, seguro, también la está mirando.

         y así estamos,

                   en un ático,


                            justo ahí.

26.11.13

Veintitrés puñaladas.

         Camino de vuelta paramos en una estación de servicio cerca de Dallas. Chasc dijo: Huevo. Y yo pedí un par de cervezas y unas patatas con ali-oli. Masticamos las papas a gusto mientras el sol se levantaba entre Cuenca y Albacete, y apoyamos sendos codos en la barra metálica mientras digeríamos los tubérculos y bebíamos la cerveza, limpiándonos de vez en cuando con esas servilletas horribles que se ponen pringosas y te raspan las aletas de la nariz al sonarte los mocos. Después yo quise pedir otra ronda de birras, pero Chasc levantó el dedo mientras bajaba la mirada con sonrisa descarada para pedirse un bourbon, así que yo pedí otro. Qué menos, pensé, que sumergirse tranquilamente en un sosegado oasis añejo de barrica de roble. Aún queda mucho viaje de regreso, nos dijimos los dos para nuestros adentros, más vale que disfrutemos de este trago. —¿Has mirado la presión de las ruedas? —le dije yo después de un rato. —Están bien seguro, además no las voy a necesitar para cruzar el charco hasta la Pampa —contestó mientras intentaba pinchar con un palillo la última patatilla, tan pequeña que resultaba imposible de pinchar. Por poco me atraganto dando otro trago a mi copa de desayuno, pues apenas lo empecé vi por el rabillo del ojo que Chasc hacía exactamente lo mismo, e intenté tragarme una carcajada empapada en bourbon, pero no funcionó. La Tierra gira despacio, pensé entonces, las nubes también lo hacen, incluso las estrellas, todo a su manera, pero despacio, y yo no sé porque tantas veces espoleo mi trasero para darme prisa por cualquier cosa, si lo que en verdad me gustaría es ser tierra, nube y estrella. Chasc dijo: Atún. Y se pidió un montadito, yo unas aceitunas. Terminé de roer el tercer hueso cuando Chasc me preguntó por la basura. —¿A qué te refieres? —respondí yo— La saqué antes de irnos. Y le dibujé una bolsa de basura con cenefas de tinta azul para ilustrar el mal olor y un par de moscas revoloteando, todo en una servilleta, servillage (o Sir Village). Me gusta tanto el sonido de las cucharillas con las tazas, el bufido de la cafetera y el parloteo o bullicio general de una estación de servicio cualquiera. Tal vez luego compre algo de recuerdo de esta carretera polvorienta, o quizás unas pastas. —Veintitrés puñaladas —dijo Chasc de soslayo— Una por cada vela que se apaga y se me arrugan las comisuras de los párpados. —No te eches tierra encima aún —musité— y tómate otra copa, piensa en todo el camino que nos queda de vuelta, hay que estar despiertos ¿Has visto todas esas señales que hay en la carretera? Eso que dicen los viejos: un ojo en el horizonte, otro en el camino y otro más en el pie. 


2.3.10

Nada, hoy no hay manera.

Siendo el resultado de 0-2 jugando como local, y siendo el segundo día del mes, además de para reforzar el mal fario del místico número 23 -que le pregunten a Walter Sparrow- declaro el día de hoy, 2 de Marzo, Día Internacional de la Paja Frustrada, aunque sea únicamente dentro de los dominios de las nubes que hay sobre mi cabeza y las tripas que hay bajo la misma.

Recordad amigos, hoy no vale la pena intentarlo, no agitéis los cocos.