O. se vio dentro de un cubo dentro de una burbuja que
flotaba entre más burbujas y así. Después se giró y cerró el círculo otra vez,
que es lo que pasa siempre. Se dijo: «Transmitimos nuestros errores de
generación en generación hasta que haya una que dé con la tecla y aprenda de
una vez o lo que llaman Nirvana». O. se puso las manos delante de la boca como
imitando un gran mostacho y entonces musitó: «Soy O. y hoy voy». Paparpadeó y
se mojó los dedos con la lengua para pasar de página, si es que sabe más el
viejo por viejo que por zorro. O., que solía caminar siguiendo las mariposas
azules esperando encontrar alguna amapola sola allá, fuera del muro. O. se
durmió hecho un ovillo o una oruga y después contó ovejas. O. hecho un círculo,
soñó: «La NADA es igual de grande que el TODO o, si no, ¿CÓMO?». Pero así le
pasaba a O. con casi todo, como al dodo. O. se desnudó para darse un baño y
cuando estuvo bien remojado y enjabonado se sumergió entre las burbujas y
entonces O. se vio dentro de un cubo.
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6.5.14
18.8.11
Viejos conocidos en Alabama.
No era una noche como cualquier otra, en cierto modo sí... la bombilla roja del Danny's Jazz Black Box reinaba en un ambiente tenue y silencioso, los fumadores pasaban frío tras la colorida puerta vidriada y pequeños grupos tomaban café y cerveza en torno a mesas recicladas y prestaban atención a la muchacha que leía en voz alta sobre el pequeño escenario.
Yo tomaba una Murphy's en la negra barra mientras tomaba alguna que otra nota en mi raído cuaderno, pronto advertí que lo que leía la chica del escenario era El Pájaro Azul de Bukowski, e hice una pausa en mis pensamientos para escuchar cada palabra, cada lamento del maldito.
Alguien se sentó entonces a mi lado y me dirigió unas palabras con una voz familiar. -¿Perdona?-contesté.-No te acuerdas de mí ¿verdad?-dijo con una sonrisa. Fue entonces cuando recordé su cara.
-¿Fawn? ¡Joder, cuánto tiempo! ¿Cómo te va todo? ¿Qué haces por aquí?.
-Bueno... mi padre ha muerto...
-Oh... lo siento...
-No pasa nada, llevaba ya años sin verle, apenas teníamos relación.
-Vaya, pues... esto... ¿vas a quedarte mucho por aquí?
-Aún no lo sé, pero aprovecharé que tengo la casa para mí sola para empezar una vida aquí, aunque sea por un tiempo... acabo de salir de una relación y... bueno, quisiera alejarme de todo aquello... ¿A ti qué tal te va?
-Ah, a mi bien, siempre bien, no puedo quejarme. Escribo algunas líneas para un par de revistas, no pagan mal del todo, me llega para vivir cómodamente... ¡vaya! lo olvidaba... ¿quieres tomar algo?
-Me sentaría bien una cerveza, gracias.
Y pasamos la noche hablando de los viejos tiempos en aquella polvorienta barra acompañados por el sonido del contrabajo, la batería, el piano y el melancólico saxo de John Coltrane... Lo cierto es... lo cierto es que necesitaba recordar todo aquello, todo lo que pasó y lo que pudo haber pasado, las sopas llenas de espinas y el desierto, aquel desierto... creo que llamaré a mi psicólogo, Howard, necesito hablar con alguien de todo esto.
Yo tomaba una Murphy's en la negra barra mientras tomaba alguna que otra nota en mi raído cuaderno, pronto advertí que lo que leía la chica del escenario era El Pájaro Azul de Bukowski, e hice una pausa en mis pensamientos para escuchar cada palabra, cada lamento del maldito.
Alguien se sentó entonces a mi lado y me dirigió unas palabras con una voz familiar. -¿Perdona?-contesté.-No te acuerdas de mí ¿verdad?-dijo con una sonrisa. Fue entonces cuando recordé su cara.
-¿Fawn? ¡Joder, cuánto tiempo! ¿Cómo te va todo? ¿Qué haces por aquí?.
-Bueno... mi padre ha muerto...
-Oh... lo siento...
-No pasa nada, llevaba ya años sin verle, apenas teníamos relación.
-Vaya, pues... esto... ¿vas a quedarte mucho por aquí?
-Aún no lo sé, pero aprovecharé que tengo la casa para mí sola para empezar una vida aquí, aunque sea por un tiempo... acabo de salir de una relación y... bueno, quisiera alejarme de todo aquello... ¿A ti qué tal te va?
-Ah, a mi bien, siempre bien, no puedo quejarme. Escribo algunas líneas para un par de revistas, no pagan mal del todo, me llega para vivir cómodamente... ¡vaya! lo olvidaba... ¿quieres tomar algo?
-Me sentaría bien una cerveza, gracias.
Y pasamos la noche hablando de los viejos tiempos en aquella polvorienta barra acompañados por el sonido del contrabajo, la batería, el piano y el melancólico saxo de John Coltrane... Lo cierto es... lo cierto es que necesitaba recordar todo aquello, todo lo que pasó y lo que pudo haber pasado, las sopas llenas de espinas y el desierto, aquel desierto... creo que llamaré a mi psicólogo, Howard, necesito hablar con alguien de todo esto.
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por
'P. Lavilha
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