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26.6.15

Parábola del anzuelo.

Mordí el anzuelo y la encía me sangraba a borbotones toda descosida y ¡ay, la vieja dentera! Escupí flema y mala baba y me quedé así, con ese gusto a hierro en las pupilas y el paladar arenoso y un palpitar atrás, bajo la muela. Al tratar de decir algo, yo qué sé, o preguntar por qué coño qué, la mandíbula se me salía tal que así y con el mismo chasquido volvía al sitio y ¡ay, el rechinar quejumbroso de los dientes! Ni deambulando sin camino dejaba atrás mi desdicha, mi desgracia, mi oh, joder, vaya putada. Me tuve que dejar las uñas crecer para así poder hurgar en mi propio cerumen y sacarme las voces que se habían quedado ahí pegadas, volví a hacer pelotillas con la pelusa del ombligo sólo para tirárselas al vecino cuando anduviera distraído ¿Y qué carajo si tras tantas larvas me quedo mirando las lentejas que planté? Si después de lo que viene después uno sólo puede seguir o volver a otro principio. Es lo que pasa cuando te crías entre crustáceos, que acabas enredado entre las algas o bien crujiente y con el pecho lleno de sopa. Y te miras al espejo y en verdad te ves bien y esa sonrisa te sonríe y esas arrugas en las comisuras de los párpados ¿cómo podrían tratarse de un disfraz? Pero son esas ojeras, esa misma lobreguez velada en la mirada la que humilla al rostro y lo delata. La misma que también sonríe en la llana cara del cristal y se derrama líquida entre los síndromes y ya no sé qué devora a quién ni a qué hora se paró el reloj ni por qué me encuentro ahora como si no estuviera buscándome. Agarré, pues, una pieza de madera y lié en ella el sedal. La brisa enmudeció y una nube se deshizo al fondo, cerca del cielo. Una suerte de escarabajo vino a posarse en mi pie descalzo y moví los dedos para ver que hacía. Me distraje con un pestañeo y al volver, ya no estaba. Y agarré la última larva y la ensarté en el anzuelo. Y después volví a morderlo.


11.1.13

Pequeño estudio patafísico sobre las pelusas.



Las pelusas son la forma física de las almas que han dejado su cuerpo mortal y se han sentido atadas a un lugar concreto, por lo tanto no pertenecen al reino animal ni están emparentadas con las medusas, estudios recientes del Instituto Nacional de Polvos y Suciedades de Aspen, Colorado indican que podrían compartir antecesores con las abejas. Actualmente se desconoce la existencia de pelusas en el espacio, pues no son muchas las personas fallecidas en tal lugar, pero se considera posible que puedan habitar en varios planetas ya que su respiración es muy escasa y admiten tanto el oxígeno como el carbono. Lo de las pelusas parlantes quizás deberías preguntárselo a Hunter... al ser almas en pena, seguramente sean del Atleti, pero esta cuestión también está relacionada con la afición de la pelusa en su fase humana (se cree que también pueden surgir de animales muy domesticados o estrellas de cine). El nuevo gobierno de Mariano Rajoy ha dejado claro que el mantenimiento de las pelusas no está recogido por la Constitución por lo que se puede echar a una pelusa de forma legal, siempre y cuando se llame a una perrera o a los cazafantasmas. Las pelusas no menstrúan, pero cada aproximadamente 8,3 días comienzan a generar bolas de una pelusa más densa similar a las pelotillas del ombligo (otro ente a tener en cuenta para su estudio). Personalmente no sé si beben o si son de fiar, desde luego no dan mucha conversación, pero sí que se pueden clonar por el método de mitosis. Se calcula que las pelusas tienen una temperatura de combustión de 145ºC más o menos, pueden volar grandes distancias sin descanso, superando incluso al gran albatros. Respecto a los celos de las pelusas, son muy comunes, llegando incluso a ponerse celosas de sí mismas después de reproducirse por mitosis, dicen: "Esta pelusa se parece demasiado a mi". Se podría decir que las pelusas ya nacen en estado adulto, pero según la Convención de Ougadougou de 1978 se considera adulta a una pelusa que supere los 6 centímetros de diámetro. Únicamente es legal apostar en carreras de pelusas en España, los países del Benelux y en Nueva Zelanda. No hay razas verdaderamente diferenciadas, pero sí rasgos diferenciales como la ausencia/abundancia de pelo púbico o migas de pan residuales. La pelusa del ombligo no tiene alma, por lo que no se le puede relacionar intrínsecamente con la pelusa doméstica. Creen en las conspiraciones, y culturas como los Amish las consideraban como ejércitos satánicos que buscaban destituir al hombre como especie dominante, pero lo cierto es que siguen las doctrinas de Bob Marley, Timón y Pumba con el lema "Don't Worry, Hakuna Matata". Las pelusas se alimentan principalmente de otras pelusas.

Escrito originalmente el 31.1.12