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14.9.15

Patafísica de una silla.

Hoy me senté en una silla. A cada lado, sendos sofás, y sin embargo escogí esta silla. Coloqué una toalla doblada a modo de cojín y ahí mismo acomodé mi propio culo y ya no me moví. Por supuesto me levanté esporádicamente para ir al retrete o para agarrar otra cerveza, pero hasta ahí la aventura de hoy. Hoy, solo, me senté en una silla.

La rectitud de mis ángulos —véanse rodillas, cadera y codos— sólo se ve desnudada por la curva de mi espalda que me dolió por la mañana. Y por la forma de mi cráneo. Y por las formas que imagino.

No he sido un despojo hoy, y eso es justo lo que me preocupa. Dediqué las horas en la silla a algo que sirve para algo y de todas formas creo que ha sido un día perdido. Pero no por sentarme en una silla, desde luego.

Hubo un punto en que terminé ese algo para algo y lo terminé con un punto.

Y después volví a estar solo, sentado solo en una silla.

Me dije: ¡Haz algo más!

Me dije: Sí, ¿pero qué?

Sentado en una silla no hacen falta más que las manos y del cuello para arriba. Y si acaso la barriga. Que se nos llene, que se nos rasque.

Escribí otra vez. Ayer lo hice también, pero no en esta silla.

Ahora estoy oblicuo.

Ahora estoy sentado.

Me dije: Escribe lo que sea, que más da, si ya está todo inventado.

Me dije: ¿Qué tal sobre que hoy me senté en esta silla por yo que sé y no me salió mal del todo aunque al final no haya hecho nada?

Después me miré el ombligo.

Después seguí sentado.

Hice inventario de todo aquello que tenía a mi alcance —véanse bolígrafo, papel, papel, tabaco—. Pero detengámonos aquí y démonos cuenta de que sólo son cosas, como esta cosa o esta silla; que lo que está alrededor de lo que está alrededor se tiene siempre, esté uno de pie o tumbado.

En fin.


Me levanté al despertar y desde entonces estoy sentado.

Vincent Van Gogh

21.6.14

Fragmentos del libro amarillo (XXV).

[Leer con la cabeza al revés]



No existiendo arriba ni abajo ni a la izquierda ni a la derecha sino sólo alrededor es difícil de veras tener la cabeza al revés y se piensa con tanta claridad que al final te descuidas y te enredas otra vez. Como muchas veces que nos duele y no sabemos dónde o los árboles no nos dejan ver el bosque y acabamos encontrándonos a nosotros mismos de espaldas y hay que silbar para avisarnos. O una víbora que se traga su propia cola y en un santiamén desaparece de la vista y se va dónde. He creído alguna vez que miramos hacia adentro sin lente alguna pero sólo de reojo y del susto me eché a reír y el suelo volvió a ser el cielo.