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2.11.11

Sin título.211.


creo que no entiendo mucho de todo ese rollo de las poses. porque realmente no sé si yo soy real o sólo pose. y gente que parece actuar en realidad están siendo reales. gente real que en verdad está actuando. si poso, por lo menos lo hago también cuando estoy solo, lo que me convierte en real. pero, al ser tímido, mi pose es la de estar quieto y callado. creo que sólo conozco a una persona real. siempre joven.


     escritorio. interior. luz tenue de flexo.
          Veo una caja de cerillas, un mechero, un dado que   marca el 2, una lista de canciones, un sacapuntas, una taza    vacía, un cenicero lleno de las cenizas de anotaciones    quemadas, eso en el lado izquierdo.
          A la derecha, veo un par de chapas de paulaner, un posavasos de glasgow, un ratón, un par de papeles, unos     auriculares, cuatro bolígrafos, un taco de post-its,    escritos de un viejo indecente de bukowski, una cesta con      cinta adhesiva y el menú del restaurante chino gran muralla, eso en el lado derecho.


el resto de la película se la pasó enfrascado en la digital hoja de papel en la que pretendía recoger una bitácora de un un viaje desde el trono de mimbre. apagué la t.v. supongo que al rato apagaría las luces y se iría a dormir.

me gustan los post-its, son como farolillos chinos alumbrando la plaza del escritorio. recordándome, memento, lo que tengo que decir. son como el apuntador agachado susurrándome el resto del guión cuando me quedo en un folio en blanco.

27.7.11

Sueña, sueña, sueña...

Me levanté de la cama y todo parecía normal, me di una ducha caliente, mojé un par de galletas en café y salí a la calle. Todo era normal. Los coches hacían ruido mientras exhalaban bocanadas de humo gris, la gente miraba al suelo mientras avanzaba con premura hacia sus puestos de trabajo. Los niños en el colegio. El cielo estaba azul... no tan azul como en cualquier día de agosto, sino más bien con pinceladas de blanco y gris que advertían de la inminente llovizna del mediodía a la que estamos tan acostumbrados. El día pasó con normalidad. La comida... normal, nada cuscús, ni de esa verdura extraña... ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí! ¡cabolla! nada de cabolla. Arroz. Arroz con pollo. Algo de pan. No hay tiempo para postre, vuelve al trabajo ¿no? Lo normal... Salir y decir-¡Qué día tan normal y tan satisfactoriamente dentro de lo común!- Llegar a casa. ¿Pantalones? ¡Fuera pantalones! ¿Zapatos? ¡Fuera zapatos! ¡Siéntate en el sofá! ¡Enciende la tele! Cena una ensalada... ¿tal vez una peli? Ya me encontraba cansado de tanta normalidad... quizás podría... dormir... dormir un poco... descansar... mañana será... mañana será otro día... zzz... zzz...

Volví a los colores brillantes y las luces parpadeantes y los extraños animales flotando y brincando y cantando y esa alfombra que se tambalea, el espadachín de un solo brazo, los wookiee con bikini rosa... ¡Menos mal! Todo este tiempo había estado despierto, sólo había sido una realidad...

16.3.11

¿Sucedió de verdad?

El otro día salió a la luz el tema de los sueños y la imaginación relacionados con la experiencia, no hubo tiempo a profundizar demasiado, más bien nada, pero lo dejamos como tema a discutir frente a un par de cervezas y bolsitas de té en Damasco, donde los barcos se ponen del revés para servir de cobijo.

Yo propuse, y de momento aún mantengo, que los sueños y la imaginación y las luces de colores y los globos y todos los animalillos que puedan asomarse al interior de la mente de alguien pueden ser considerados como experiencias válidas.

¿Nunca habéis sentido pavor en una pesadilla? ¿Verdad que sí? ¿Y por qué, si ese miedo es real, no se puede considerar como real al agente instigador del mismo?

Yo, objetivamente, he nacido en una ciudad ahí arriba, donde todo es verde y el mar se huele cercano, vivo ahora en otra más pequeña donde los adoquines te hacen tropezar y el horizonte es una línea naranja, he estado en otras tantas y he visitado parajes de una inmensidad tal que tienes que sentarte en la hierba y apretar los puños para poder soportar tanta belleza a tu alrededor y el, en este caso, agradable sentimiento de sentirte tan pequeño que ese lugar seguirá igual de puro cuando ya no estés.

Sin embargo, y a esto quería llegar, subjetivamente y según lo que yo entiendo como experiencia, he estado por todo el mundo, desde el más frío glaciar hasta el más seco desierto, en la más alta cima y en la cueva más inóspita, en Marte, en Júpiter y en la estrella Vega. He visto a hombres fuertes y barbudos fabricar las primeras herramientas y fui testigo de la destrucción de la Tierra en la VII Guerra Mundial. He muerto ya una vez quedando atrapado en el Pub Limbo, he bebido cerveza con Hunter Thompson y Bukowski mientras Allen Ginsberg nos recitaba versos de Aullido, he viajado en destartalados vagones de tren con Jack Kerouac y Alexander Supertramp, he navegado por la polinesia, he naufragado ya una docena de veces entre niños con caracolas y tesoros del capitán Nemo, he matado, he robado, he dado vida, he bailado por campos de fresas, he estado en Amsterdam, en Berlín, Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Chicago, Londres, Nueva Orleans, París... y he viajado en globo.

Y he viajado en globo y sé a ciencia cierta que lo he hecho porque es lo único en el mundo que no me podrán quitar. Eso, realmente, soy yo.