Mostrando entradas con la etiqueta hada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hada. Mostrar todas las entradas

26.6.12

Oja, hhija, hoja.


Con la cabeza baja, mirando al suelo, no se piensa bien. Por eso decidí poner la vista en el fondo de un vaso de scotch y no pensar en nada. Un tipo joven llamado Todd está de barman, es su primera noche. No durará mucho —Disculpe, señor —me dice—, es usted aquel escritor ¿verdad? El de los cuentos del flautista de Pan. —Sí, creo que sí —Contesto absorto— hace tiempo que no soy nada. —Entiendo cómo se siente —afirma Todd, con una sonrisa en los labios y una mirada suspicaz—, créame. Llevo más tiempo en esto de lo que pueda parecer por mis sonrosadas mejillas. Lo que pasa es que hace tiempo que no le cuentan cuentos al cuentacuentos.

No hace tanto tiempo de la última vez. Fue una pequeña hada del bosque entre ensoñaciones, yo pasaba una mala época… me susurró al oído. Dijo:

«Oja, hhija, hoja. Hoja en blanco, blanco pensamiento. Si eres un hipopótamo da tres vueltas a la manzana y el avestruz asomará la cabeza con una flauta en los labios. “Oye”, dijo el cocodrilo mostrando la hilera de sus dientes en una mueca burlona, “Para que salgan las notas estaría bien que antes respirases”. Y el diente de león se dispersó en mil segmentos bajo la brisa de verano proveniente de África».

7.4.11

Pequeña Ala.

-¿De verdad lo harías? ¿Te lo perderías... por mí?
-¿Por tí? Por ti yo me pierdo hasta mi entierro.

Ella camina entre las nubes con una mentalidad circense errática. Mariposas y cebras y rayos de luna y cuentos de hadas; eso es todo en lo que ella piensa, cabalgando con el viento.

Cuando estoy triste, ella viene a mi lado y me regala un millar de sonrisas. Todo va bien, dice ella, todo va bien. Toma lo que quieras de mí. Lo que quieras. Vuela, Pequeña Ala.

18.4.10

Notas de Autor II.

Volví otra vez, pero por el camino perdí el polvo de hada que me dictaba las palabras.

Aquella vez los reflejos que veía no eran por la bebida, brilla, brilla, era una brújula, solo que ésta no señala al norte, que es mi casa.

Me hacían falta más palabras, y las busqué en una botella... el límite es el cielo ¿no?

Caminando encontré una especie de criatura con forma de pene... pensé -¡Ay Señor! ¿Qué clase de engendro se me cruza al paso? ¿Qué es ésto? ¿¡Qué es ésto!? Le hago un favor pisándolo y acabando con su miserable existencia...- Pero me lo pensé mejor, y brindé por la biodiversidad.

Está loco, déjalo.

Al final del día, que en verdad era el principio del mismo, mientras los pájaros silbaban al sol, yo me puse delante del cuaderno, siempre la hoja en blanco que me encanta, y sin querer -o más bien queriendo- estropeo con todas estas gilipolleces que me salen. ¡Qué asco de humanos!.