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19.10.14

De un punto.

Me pillé distraído y me pregunté: ¿Por qué se llamará punto de fuga si es el único lugar hacia el que todas las líneas se han puesto de acuerdo en converger? Todo es cuestión de perspectiva, supongo, pues no hace falta más que dar un paso a un lado y este punto desaparece para que surja uno nuevo. Si hablamos de arquitectura, no soy más que un tonto cualquiera, pero así con todo. Me pesan las pestañas, y aún más con las legañas de la mañana o hasta por la noche cuando incluso a la luna le entra el sueño, por no decir que solamente me he visto el agujero del culo una vez, curioseando con un espejo. Así que, ¿en qué quedamos, nos vamos a o nos fugamos de? Porque hablar de círculos a estas alturas ya está un tanto trillado, aunque sean bien redondos. Más bien son símbolos de infinito deformes como sendos goliardos caminando tras la tercera guaza del martes o tal vez seamos almas endebles pidiendo a gritos un poco de silencio. Yo sé más bien nada, eso llevo tiempo diciéndolo, y me limito a dejar migas de pan por donde paso. Yo qué sé si ye pa que me siga algún que otro pájaro o para poder encontrar el camino a casa, que está dónde. Nada de todo esto importa demasiado. Lo poco que importa, y disculpadme si me he vuelto un místico bastardo, es adivinar lo que importa. En esto, como tantos otros, tampoco estoy muy cierto. Pero, en lo que respecta a la arquitectura, sí sé que no se trata únicamente de levantar cosas, también hay que saber escarbar, y de tal modo que la estructura en cuestión no se tambalee o se hunda, a no ser, claro está, que éstos sean sus propósitos. He construido unos cuantos castillos de naipes y también en la arena, aunque no quede ya ninguno que pueda mostrar; pero si una cosa es cierta, es que soy todo un as confeccionando pajaritas de papel y ya más de una, contagiada por mis dedos, se fue volando buscando ese puto punto.

26.11.09

Sucia II y las cuatro rayas.

Parece ser que en todos los cursos a los que he ido desde el año pasado hay un personaje en concreto al que yo suelo denominar "sucia". Este término lo aplico al femenino porque todas las que he conocido son mujeres, aunque no tenga nada que ver con el sexo, sino con la propia personalidad de esa persona. A la primera de las cuales, en Asturias, le bautizamos además con el nombre de Clamidia, y el apellido, por supuesto era Sucia; pero de momento la Sucia de aquí, de Segovia, no tiene un nombre propio que ahora mismo me interese revelar.

Las gratas palabras que nos regaló a mi y al resto de mi clase esta mañana fueron las de calificar las obras de  Piet Mondrian como tonterías que podría hacer hasta ella, que ya las hacía ella en primaria. Después admitió que nunca en su p**a (puta) vida había estudiado ninguna asignatura relacionada con el Arte, excepto la tal vez archiconocida Plástica, que ilumina a los jóvenes con geniales teorías pictóricas, escultóricas y arquitectónicas, que no necesitan de ampliaciones posteriores (Sarcasmo).

Para ubicar a los desconocedores, que no ignorantes, de la pintura de Mondrian, se puede decir que
éste es el máximo exponente del Neoplasticismo, corriente pictórica del periodo de entreguerras, es decir, años veinte y treinta.


Muchos pensaréis que éstas "cuatro rayas con algunos colores" sean una estupidez, por ello recurro a la definición de neoplasticismo del propio Mondrian, que expone en su ensayo El Neoplasticismo en el arte pictórico.

La abstracción de todas las formas y todos los colores, o sea, en las líneas rectas y en los colores primarios netamente definidos.                          
Piet Mondrian
Es decir, continuaba con la línea vanguardista de simplificar las formas, y la máxima abstracción posible era eso, líneas y colores primarios.

También decía que las líneas horizontales equivalían a la tensión vida-muerte, mientras que las verticales hacían referencia a los hechos orgánicos.

A mi particularmente no me apasionan estas obras, no es que no me gusten, sino que prefiero otras; en cambio puedo defender este arte de las opiniones de gente como mi querida amiga con mi teoría del vaso. Es muy probable que mucha gente haya desarrollado también esta teoría, aunque con un ejemplo distinto, así que no me proclamaré autor absoluto de la misma.

Se expondría este caso del siguiente modo, Sucia dice: "Eso lo podría hacer cualquiera". El agente mayéutico que representaría mis ideas, al que llamaré, por ejemplo, Cordón Verde, respondería: "Cualquiera podría haber inventado el vaso, un instrumento sencillo a más no poder que cumple perfectamente sus funciones de almacenamiento y distribución de líquidos (mejor si es cerveza), pero no por esa razón hay que restarle importancia al hecho de que alguien lo hiciese antes, ya que ese alguien partió de la nada, mientras que los demás que ahora podrían inventarlo ya tienen esa idea en mente".