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11.1.15

Le tumb.

Ardía por los bordes y a aquella atmósfera parecía no importarle nada. Se partió una cáscara en trescientas doce astillas y brotó un líquido así de líquido que nos empapó hasta el sésamo y aun así nada se abrió ni flaquearon las diminutas comisuras. Arañé una costra de petróleo partida por la mitad y el viejo vino rojo venga a palpitar susurrando surcos y venga a amanecer con el sol erecto entre los pinos y las legañas como luciérnagas desnudas y trasnochadas. Los latidos, algo así. Un aullar bajo esa luna con las estrellas impávidas como testigo. Una caricia, un látigo en el regazo con el lubilubar de la luna sobre las sábanas y ese lunar en la nuca. Demasiada realidad en un simple soplo con los pies descalzos otra vez y apenas dos ojos empapados para verlo todo. Al fin y al cabo, ¿Quién soy yo en medio de todo esto, quién parpadea a cada instante dibujando fronteras entre los fragmentos de una vida? Al amanecer todo se cubre de una coherencia absurda y no sabemos si saltar de alegría o llorar por lo mismo. Cargo un petate petado de calcetines y amarguras; de todas formas sé que çe la vie y que está en mi cerebelo como un esguince. Lo material cubierto de linóleo y fórmica se queda en su sitio donde lo dejes y emite con sigilo una pulsión de muerte. Con el plástico pasa lo mismo. Si acaso pueden presentarnos una pinza irisada o invitarnos a una croqueta, que nos van a alegrar el día. Pero eso que te hace crecer y que te hace sentir pequeño no se paga con dinero y no se puede coger.


5.11.14

De todo esto.

         Han pasado cinco años, quizá seis. Parece toda una vida, o al menos una Era básica. De cuando nos decíamos mentiras de las de verdad y nos creíamos que el camino a seguir no estaría tan desdibujado y podríamos mirar el paisaje con la calma como sentados en el tren sin tener que caminar ahora cuesta arriba y ahora cuesta abajo, sino aguardando cada estación donde unos suban y otros bajen.

         Que si la vida es como un árbol o nos andamos por las ramas o nos quedamos colgando de una sola, ya sea de una cola bien anillada y joroschó o de una áspera soga de las que ahogan. Y el problema entonces es qué rama escoger: si una baja donde apenas llegue el sol o una tan alta que nos de vértigo.

         Que con dos nudos desnudos trazamos una línea que hace de umbral y no siempre nos atrevemos a cruzarlo. Los perros sí que saben algo de eso y les chistas y les dices: ¡Oye, tú! ¡Quieto parao! Y ahí mismo se quedan y si acaso se sientan. Pienso que a todos nos gustaría ser un poco más perros y un poco menos personas porque cuantos menos peros haya menos se piensa y menos vueltas le das a cualquier cosa y así no te mareas.

         Y yo que sólo soy un flaco barbilampiño de brillantes güeyos —a veces rojos y joroschó—, que intento vivir libre al vidrio y a menudo me duele la cabeza y sólo se me ocurre esconderla bajo una manta y respirar, a ver si se me pasa. Porque la castaña es mayor cuanto más ascienda uno y a partir del piso nosecuántos ya no hay un pasamanos del que agarrarse y aquello resbala como la piel del plátano y a la mínima te haces un esguince de los que te dejan un par de semanas tirado en el sofá y por la ventana sólo se ve un cielo inmaculado lleno de nada.

         Por eso sonrío y lloro; porque el alquimista que dio con la fórmula murió con ella o no sabemos leerla. Y cuando me siento triste sé que pronto volveré a estar bien y cuando me siento alegre sospecho que tampoco durará demasiado. Es como una saudade en morse o tal vez un baile en braille porque no se ve con los ojos pero está ahí, más o menos como todo.

          Que si lees algo como que los electrones de un átomo cualquiera se encienden y se apagan continuamente y que esto significa que todo ye y no ye al mismo tiempo te sientes como que has dado con el sentido de algo o aquello de que todo está en todo y que el Universo ye una suerte de red de diamantes y que en cada diamante se reflejan todos los demás; tiene sentido, de verdad que lo tiene. Y te tienes entonces por un poco sabio pero en verdad sigues igual y solamente has dado con una explicación más de esto que llamamos todo esto. No hay manera de definir, es decir: poner fin, a algo que permanece en constante transformación, algo que continuamente evoluciona e involuciona, que se crea y destruye con cierto equilibrio. Que es y no es por siempre.

         Tampoco necesitamos volvernos locos, a no ser que sea de diversión, como las amapolas; pero eso es otra historia.

         Llamémoslo Ítaca o Nirvana o Paraíso, pero siempre está ahí (y no está). Nos hemos quedado con la cantinela de que a cualquier meta se llega mediante un camino y yo mismo he picado el anzuelo. Pero me he dado cuenta, o al menos es lo que creo ahora, que no existe tal camino, o sí existe pero no es imprescindible. Que vemos el año sabático o digamos pausa para recapacitar como un arma de doble filo cuando las decisiones precipitadas, y ciertamente la mayoría lo son, también esconden una cuchilla en la empuñadura, pero mucho más sibilina y dañosa. Supongo que todo nos hace un poco de herida y un poco de bien y el secreto al final es aprender a vivir feliz aun lleno de cicatrices.

         Yo por lo pronto me conformo, aunque no me mueva demasiado, con no dejar que me lleve la corriente sino solo cuando me apetece, si acaso cuando sea la consigna y la consigna no se cuestiona como tenemos por costumbre.


         Así que levántome a mi hora, sea cual sea, y procuro ducharme y afeitarme cuando toque. Caliéntome los huesos al sol con un café o una cerveza y pienso un rato, pero no demasiado. Respiro, al menos hay que intentarlo. Y me digo que cada paso que vaya a dar sea porque quiera darlo y que si tengo miedo es porque no hay más cojones pero que aún así no puedo paralizarme. Que todo esto sucede sólo una vez y es menester aceptarlo. 

6.5.14

O.

O. se vio dentro de un cubo dentro de una burbuja que flotaba entre más burbujas y así. Después se giró y cerró el círculo otra vez, que es lo que pasa siempre. Se dijo: «Transmitimos nuestros errores de generación en generación hasta que haya una que dé con la tecla y aprenda de una vez o lo que llaman Nirvana». O. se puso las manos delante de la boca como imitando un gran mostacho y entonces musitó: «Soy O. y hoy voy». Paparpadeó y se mojó los dedos con la lengua para pasar de página, si es que sabe más el viejo por viejo que por zorro. O., que solía caminar siguiendo las mariposas azules esperando encontrar alguna amapola sola allá, fuera del muro. O. se durmió hecho un ovillo o una oruga y después contó ovejas. O. hecho un círculo, soñó: «La NADA es igual de grande que el TODO o, si no, ¿CÓMO?». Pero así le pasaba a O. con casi todo, como al dodo. O. se desnudó para darse un baño y cuando estuvo bien remojado y enjabonado se sumergió entre las burbujas y entonces O. se vio dentro de un cubo.


1.12.13

Joroschó.

         Todo parece tan obvio que no merece la pena cuestionarse esto y aquello como un simio preguntón y desorientado. Las manos en el suelo, con el delicioso samsara que nos mata de risa. Un tipo me dijo: ¿Sabes por qué me gusta tanto ir a mear? Porque son los únicos momentos en los que me siento relajado de veras y mi cuerpo se vacía. Y fue entonces cuando me percaté de que el tiempo también pasa para el resto.

         Jugando con las vocales un minino sonriente me preguntó que quién era yo. ¿Yo? Yo sólo sé quién quiero ser. Dicen que sólo con eso no vale, pero también que todo son etapas, y ahora mismo yo soy ésta. Mira a ese gato encaramado entre las ramas que se ve por mi ventana ¿Acaso no es un motivo de alegría tan justificado como un cumpleaños o algo así? Las suelas de nuestros zapatos brincan y hacen cabriolas sobre una loca roca preciosa que da vueltas en torno a una estrella cualquiera, ¿Cómo no nos vamos a reír?

Wassily Kansinsky.

20.9.12

Con la mirada perdida en el encuentro de cielo y mar.

No hacen falta más que tres ingredientes. Al primer vistazo pueden parecer sencillos, pero, visto con los ojos brillantes, nada lo es.

Necesitamos en primer lugar un buen puñado de fina arena, tal vez dos. Con todas sus pequeñas partículas relucientes y sus conchas abandonadas. Un buen manto del color de las páginas viejas donde enterrar los pies y sentir el latido de la Tierra al rodas. Un sitio donde sentarse con las piernas cruzadas y observar el resto.

Después es necesario un buen cubo de agua salada, tal vez dos. Con todas sus espumosas olas y sus secretos olvidados. Un vasto desierto líquido del color de la tinta —azul en el día y negro en la noche— donde empaparse el cuerpo y bañar el espíritu para limpiar lo malo. Un sitio donde dejarse llevar con el cuerpo relajado y dejarse mecer por el rumor de las olas.

A todo esto falta aún una gran cucharada de cielo, tal vez dos. Con todas sus pequeñas estrellas titilantes y sus vaporosas nubes conversando en secreto a merced del viento. Una infinita cúpula ora celeste ora azabache donde fijar la mirada perdida y dejar la mente volar. Un sitio donde sentirse tan pequeño como un grano de arena o una gota de agua o una estrella diminuta y, aún así, parte del mismo todo.

Pues todo, hasta el encuentro de cielo y mar, está formado por cosas muy muy pequeñas. Y desde luego, caben muchas.

23.12.11

Un respiro entre las páginas.


Puede que parezca que he estado ausente, pero no es verdad, un poco sí, pero lo cierto es que he estado ocupado.
He estado escribiendo mi primera carta de amor, aunque aún no la he terminado, pero sé que lo voy a hacer.
También he estado pensando en si la vida es un sueño que parece demasiado real. A mí me gusta imaginármela como que ya conocemos todo, y rebuscamos con una mano invisible dentro de un enorme calcetín a rayas rojas y blancas. Dentro de él están todas las vivencias, lugares y personas; y las vamos sacando al azar. Luego nuestra mente nos engaña y mezcla todas estas cosas para que parezca que las vamos conociendo, cuando en el fondo ya lo sabíamos todo, porque todo es la misma cosa, todo es todo.
De momento también consigo hacer que se duerman el aguador de mis lagrimales, el monstruo verde, el apretar los puños y el chirriar los dientes; bajo el decreto de ¿ES DE VERDAD IMPORTANTE? todo así escrito.
Porque todo va a ir bien mientras tengamos unas pocas gotas de amor como las que llueven siempre sobre mi cabeza, hace tiempo que tiré el paraguas y dejo que me empapen bien.
Tan grande como es la mente humana… y el Universo capaz de albergar millones de ellas… para que haya quien sólo la ocupe en las uves dobles al final de las piernas y en cabrones de brazos verdes. Y me hablan de placer… Placer es observar el ascenso del humo mientras suena Breathe in the Air, Placer es saber que no necesito motivos para sonreír.
Porque la vida es como el bar, el bar no entiende de religiones ni de políticas, el bar está hecho para beber y pasarlo bien.
Con mi amnesia caótica, con mi algo en la mochila, mis etiquetas de Budweiser pegadas con saliva en esas botas… ¡Mira qué botas! ¡Qué guay!
Como los armadillos, que no son ni perros ni escarabajos, nosotros ninguno somos lo que creemos ser. Somos algo más. Y algo menos. Hemos nacido para ser siempre libres. Así que olvídate de este mundo. Tienes que crear otro.