1973. En algún lugar
del espacio aéreo del condado de San Luis, Misuri, un piloto agrícola llamado
Frank engulle un pastelillo de crema de maní a mil pies sobre los campos de
maíz híbrido. En su contrato, se establece explícitamente que realiza labores de
fumigación de lo más rutinarias, y eso es lo que Frank dice a sus compinches de
La Gamba Roja, en Creve Coeur, cuando
se beben unas pintas: que simple, sencilla y llanamente, fumiga. Pero lo que
Frank ignora es que, entre la pluritura de substancias y productos que él mismo
reparte en diásporas por los campos de Misuri con su M18 Dromader de
fabricación polaca, se encuentra oculto un curioso componente; un extraño
medicamento sintetizado en un laboratorio secreto, quizá también de Polonia,
del que no sabemos más nada. Al margen de todo esto, en su fuero interno, Frank
se imagina a sí mismo como el último piloto en vuelo de un escuadrón aéreo
derribado por el fuego de artillería jemer en la II Guerra de Indochina, cuya
misión es sanear con napalm los latifundios de Cambodia. Y así es como Frank
finge que se divierte, y así palia la rutina, pero en realidad lo único que
hace es regar con estelas químicas los cultivos de gramíneas.
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25.2.19
4.5.12
2034.
Qué alejado me siento ahora del mundo, supongo que con esta
cabaña encontré de veras un sitio bien apartado.
Recuerdo hace muchos años ya cuando nos reíamos de aquel
satélite o cohete que iba a lanzar Corea del Norte y que acabó hundiéndose en
el mar. Nos reíamos porque en aquellos tiempos hacíamos humor de todo, las
grandes economías mundiales se iban al carajo y más la nuestra y encontrábamos
tiempo para hacer chistes. Nunca nos gustó tomarnos las cosas tan en serio.
Después todo ocurrió muy deprisa, la alianza de Kim Jong-un
con Irán y con la nueva República Popular de China de la que Hong Kong se había
escindido para mantener sus relaciones comerciales con Occidente, los atentados
en las capitales europeas, tensión nuclear en aumento… y pronto llegaron las
listas de reclutamiento obligatorio y la derogación de la objeción de
conciencia.
Poco más sé de lo que fue de la Tercera Guerra y de mi viejo
continente. Hace ya muchos años que no veo ningún vuelo comercial pintando el
cielo con tiza blanca. A veces pienso en todas las personas a las que no he
vuelto a ver y me arrepiento de haber huido, pero el miedo al ver tu nombre
escrito en un papel en el que te reclaman para adiestramiento militar y saber
que acabarás siendo otro cadáver más en el frente acribillado por las balas y
el fuego y el odio hace que no pienses más que en escapar.
Ahora ya no sé si hay un hogar al que volver o no es más que
un manto de cenizas y polvo.
10.12.10
Un largo camino.
-Lo siento señor, no puedo dejarlo subir, está usted borracho.
-¿Borracho?... Sí... bueno... verá... es que me dan miedo los aviones.
-¡Pero si ésto es un tren!
-Eso... ¿Y si se nos cae uno encima?
-¿Borracho?... Sí... bueno... verá... es que me dan miedo los aviones.
-¡Pero si ésto es un tren!
-Eso... ¿Y si se nos cae uno encima?
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