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12.7.17

Po.


¿Y ahora qué pasa, eh?


Es martes. Antes del ocaso. Interlunio en el Diapasón. Policarpo el fructífero está en su puesto, bajo las torres del momento. En su siniestra, si se le mira desde ahí, se aprecia la figura de uno de esos muñecos malencos que venden en la calle, esos pequeños felinecos de hojalata con un resorte dentro que mueven la zarpa adelante y adetrás y que adornamentan las multitiendas del barrio zonguonés y son dorados o calicó, pero éste, el de Policarpo, es negro negro negro como un Bombay. Entonces le da cuerda, grrr grrr grrr, y la malenca máquina no puede evitar hacer lo que hace, esto es la consigna, menear la zarpa adelante y adetrás una y otra y otra vez y Policarpo la cuelga de una alcayata en la pared por el agujero del cogote, que es su sitio desde siempre; invitando a los que lleguen a que pasen o se larguen, porque al final dará lo mismo.


Policarpo lee la gasetta: Diluvio de pianos en la estrada Salieri deja decenas de heridos y a la parroquia véneta sin festejos hasta el próximo año. Efectivos del Cuerpo Motorizado de Militsos de San Lundo atropellan fortuitamente a un perturbado caótico neutral, sospechoso de pertenecer a diversas células de grupos patamilitares subversivos, prófugo de la justicia y presumiblemente exiliado en el extranjero desde los atentados del Palacio Marrón, antigua sede de la satrapía de Estagira, en octubre del 27, poniendo fin a años de búsqueda y pesquisas infructuosas; el jaleo ha sido estándar. La plaza de los jemeres, yo me acuerdo; aún hay quien deja flores de lentisco (o bien las propias de la cornicabra) por sus aceras, y que, con las yemas de los dedos ungidas de pingüe almáciga, dibujan pescuezos de zarafas por los agrietados muros en memoria de los que, coléricos y amarillos, decidieron tumbarse, sin más, frente al opresor y esperar a que todo ardiera. Costumbres de los ahogados. Un artículo médico sobre los placeres y bondades del descerebramiento, todo reventajas tras breve vorágine. Muere un pájaro al día. Alerta lombarda en toda la prefectura por pasajeras brumas de grisú: Extremen precauciones, procuren no respirar, no hagan bromas, chistes, mofas, ni tan siquiera chanzas. Información bursátil: Baja el valor de las acciones, aumentan las especulaciones, y la incertidumbre, por principio y por el momento, se mantiene.

Policarpo dice: ¡Mierdra! y el Coro de Dipsodas aparece por la puerta comandados por Furfurfar, que ulula como pidiendo bebidas para todos. Policarpo sirve un surtido de espirituosos y destilados macrobióticos y vuelve a su posición.

Coro de Dipsodas: ¡Dame de beber, bestia! ¿No ves que me divierte?
Furfurfar: ¡Far furfur!
Coro de Dipsodas: ¡Un buen trago sin agua!

Policarpo enciende la radio. La garganta partida de Alabama Mongoose: Oú vais tu avec ce fusil? Policarpo piensa para si: Ya no se escriben canciones. Entran Frido y Longaelisa con aires.

Frido: ¡Garçon, café!
Longaelisa: Para mí un té púrpura con sirope de agave y una hojita de flor de lis y tres tartaletas tostadas; la primera con mermelada de pera, otra acompasada de confitura de níscalo y la última sola, eso, y una copita de Vergamota.
Furfurfar: ¡Fur farfar!
Coro de Dipsodas: ¡Garçon significa chico!

Policarpo agarra un par de tazas con el logotipo del Garbonzo’s y las rellena de Malabirra sin espuma.

Voz de Morselo, desde la calle: ¡Fuegodoro!

Frido y Longaelisa se escabullen sin despedirse. Ahora entran Guibo y Panmuphle seguidos del resto de Morselo. Se ubican en la barra, frente a Policarpo, y éste reparte vasos. Ante Morselo, largo y con dientes de vejestorio, deja una botella de El Auriga.

Guibo, flácido y rubicundo: A mí sácame el vidrio de Jäbberwocky. Tengo un pálpito obscuro de que se nos viene encima el Galimatazo.

A Furfurfar le entra hipo.

Panmuphle, algarrobo y fabáceo, sujetándose el trasero: Yo tomaré una Poderosa bien fresca, pero primero voy a usar el retrete para dejarme de abstracciones y pasar a lo concreto.

Policarpo dispone la comanda. Panmuphle se da de bruces contra la puerta del lavabo y desde el otro lado se perciben los acordes de El Chorro Musical.

Voz de Quídam, desde el baño: ¡Ocupado!
Panmuphle: ¿En serio? ¿Todavía?
Furfurfar: ¡Furthur!
Coro de Dipsodas: ¡Di, amante falso! ¿Por qué me has abandonado?

Guibo saca del bolsillo de su pelliza un pequeño canario ocre a medio desplumar y se lo ofrece a Policarpo con gesto amable. Ambos llevan las cejas alzadas, pero cada cual a su manera.

Guibo: Toma, este es para ti, aún respira. Es por aquello que han dicho del grisú. Cuando se te agote me avisas, que tengo más. Siempre llevo un puñado encima, por Tutatix.

Policarpo agarra el pájaro y lo posa en su hombro. El ave parece de mentira, pero es cierto que respira, aunque no se mueva apenas. Y ahí se queda.

Morselo: ¿Y Pepe?
Guibo: Temo que lleve tiempo planeando un elogio a Dino Valenti.
Morselo: Esas cosas no se planean, se importunan.
Panmuphle: Yo me tengo que ir.
Furfurfar: Fur.

Policarpo limpia la barra de giste y babazas. Policarpo mira el reloj, averiado de hacer tiempo. Policarpo mira la atmósfera sólo con la esclerótica, anillada, y se detiene en el bailoteo de los belfos de los parroquianos, con miasmas en las comisuras, y son mudos porque no dicen nada y porque Alabama Mongoose rasga sus cuerdas vocales con el volumen al diecisiete y los bajos levantados y dice algo así como: J’ai entendu dire que tu avais tué ta nana. Policarpo mira el maneki neko de la pared y piensa en Olivia, mucho antes de la Guerra de los Boletus, cuando aún se tenía pelo en la cabeza y se podía cruzar la calle sin mirar. Policarpo piensa en las níveas nogas de ella, en sus delicados alcores y en sus hoyuelos de Olivia; en el rubor de sus mejillas y su risa cuando solicitaba un ruso blanco sin vodka ni Kahlúa. Policarpo piensa en sus ojos verdes ojos azules ojos grises. Policarpo deja de pensar y el felineco de hojalata sigue agitando la zarpa en el Diapasón. 

O’mbl, fumando Calumet: Si la quieres, déjala ir. De todas formas, ella nunca será tuya.
Coro de Dipsodas: ¡Y nunca he visto antes a nadie del todo como tú!

¿Y ahora qué pasa, eh?

Sobrenoche. Interlunio en el Diapasón. Panmuphle aparece de regreso en el umbral con un paquete al lomo y lo deposita sin cuidado en el rincón. Alabama Mongoose ahora toca la trompeta y suena joroschó como una cornamusa en la melodía de Moje ulubione rzeczy pero a contrapelo. Morselo comienza a apreciar la semivacuidad de la oropelada botella de El Auriga como una suerte de metáfora náufraga y, entre tanto, Guibo mastica un ajo en salmuera con los pálidos glasos y las muelas beige y los labios sucios del acre Jäbberwocky negro como brea. De fondo, sutilísimo, El Chorro Musical. Policarpo frota un vaso bajo las torres del momento. El canario no se mueve, pero parece que sigue respirando. Entonces Morselo levanta su copa de fuegodoro.

Morselo: ¡Por Mo!
Coro de Dipsodas: ¡Mi mimo Mo!

Todos beben.

Morselo: ¡Por Bubbs!
Coro de Dipsodas: ¡Que Ubú lo guarde en su panza!
Furfurfar: ¡Furfur farfar!

Y vuelven a beber.

Un viejo púlsar, allá en el dilatado Caosmos sideral, intercala una semifusa de silencio estático entre cada intervalo postlogarítmico de radiación electromagnética, instaurando una irregularidad antagónica apenas perceptible, pero, de algún modo, relevante y por supuesto predispuesta a. Por eso, o por cualquier otro motivo, más acá, tras la barra del Diapasón, bajo las torres del momento, Policarpo siente un repentino escalocalor trepándole la rabadilla y, sin darle más vueltas, acciona la nopca del ventilador del techo. Algún algo se revuelve en el paquete del rincón entonces, pero nadie repara en ello porque Alabama Mongoose se está tomando un descanso con un atoragaznates de burbón sin yelo y, en su lugar, la radio emite los armónicos quejidos de Sarah Tustra y esto ocupa la atención de la parroquia. Timbales tam tam tam y Guibo se lleva la sábana a la sien murmurando paridas.

Morselo: Yo estudié en la Real Escuela de Calafates de Porto Chancro, os lo juro, y, hacedme caso papanatas, ahí sí que te enseñaban a tapar agujeros, ¿entendéis?
Coro de Dipsodas: ¡Que ni marinero, ni patrón! ¡Que desde siempre manda el mar!
Morselo: Y, claro, uno hace lo que sabe hacer uno, sin más pretensiones, y acaba por contrabandear con carne al bucán, paté de mapache de estraperlo y demás mercaderías, sepulturero al nocto y expoliador de día, sin saber que detrás de mis zapatos tenía todo un medio destacamento al completo de cardenales armados hasta las encías, con arcabuces y todo; un desastre.
Furfurfar: ¡Fara fur!
Guibo: El muerto, al fin y al cabo, sí que vivió su vida por entero.
Morselo: Desde luego, lo último que esperaba encontrarme en las playas de Nueva Chisináu era a la jodida Inquisición española...
Ensamble de viento latón de la Orchestra Sin Fónica de Spamalot, en el local contiguo: ¡****!

Irrumpe en el Diapasón la Inquisición española.

Alguacil: ¡Nadie espera encontrarse a la Inquisición española!
Policarpo: ¡Mierdra!

El reparto por entero cae presa del pánico y trata de huir, corriendo en círculos.

Alguacil: ¡Nuestras armas principales son la sorpresa y el miedo!

Ahora resulta que aparece Frido.

Frido: ¡Garçon, café!

Uno de los inquisidores, adoptando la postura forma-A38 de los soldaditos de plástico sinople, dispara su arcabuz y la golová de Frido se disemina en lonticos de mosco y plescos de crobo y grumo gris por todas las perpendiculares en rededor, manchando también el suelo.

Alguacil, inquisitivo: ¿Quién lo mató? ¿Acaso fuistes tú, pedazo de palotín?
Palotín: Fuis yo, su eminencia.
Alguacil: ¡Pues ni se te ocurra volver a hacerlo!
Furfurfar: ¡Fur farafar! ¡Fur furufur!
Coro de Dipsodas: ¡Por allí resopla!

A Guibo se le afila el viso de las córneas y el Coro de Dipsodas acueructa un do bemol de gorlo que hace vibrar las torres del momento y entonces, Panmuphle, como gobernado por unos hilos improbables anudados a las escápulas, ejercita un espasmo ecleptiléptico y tactactaconea el suelo tres veces con la vieja osamenta del carnero.

¿Eh?

De súbito, un terrible estruendo, y el paquete del rincón se abre impregnando la atmósfera de una fragancia fétida y putrefacta. Emerge de su interior un mono papión, conocido como Bosse-de-Nage, menos cino que hidrocéfalo y menos inteligente, mitad palafrén, mitad burdégano, y mitad bogavante cimarrón, en edad ya adulta y con sed de venganza.

Bosse-de-Nage: ¡Ha ha!
Morselo: ¿A quién yarboclos se le ocurre meter a esa cosa en una caja sin agujeros?
Coro de Dipsodas: ¡Feísimo, feísimo!
Guibo: ¿Y os habéis fijado en el calibre de ese gonopodio?
Furfurfar: ¡Far farafurfarfar!
Morselo: ¿Cómo dices?
Furfurfar: ¡Far, far far furfur! Fur farfarfur farafu, farafú, farafufu. Far farfur fur farafarfur far furufarafu ¿Fur farafar? Far fur far. Furufufu fara fa fu fu furu fa fufara y por eso la cortina de la ducha ha de ir siempre por dentro de la bañadera.

Policarpo dice para sí: ¡Mierdra y más mierdra! ¡Otra vez no! Y un rebuzno atroz cruza el Diapasón arrugando los cristales. La Inquisición Española es devorada en cuestión de segundos por el voraz cinocéfalo, quedando no más que el deslucido recuerdo y un grotesco charco de heces sanguinolentas junto al cadáver decapitado y exquisito de Frido. El Coro de Dipsodas de dispersa entre la multitud y Morselo y Guibo saltan tras la barra para ocultarse. La radio remite en bucle cien pulsos sucesivos del primer cuásar que se inventó, y el semicanario de Policarpo entra en estado de reposo. Ni rastro de Panmuphle, pero O’Mbl fuma Calumet.

O’Mbl: No seas tú mismo.

Las torres del momento observan la escena, impávidas, y es que, debido a falta de presupuesto por lo elevado del caché de Longaelisa, el último acto se representará en las imaginaciones particulares de los lectores, con la humilde y desinteresada asistencia de las anotaciones de quien esto relata; que dicen así: 
Mierdcoles. Esa hora en la que tarde se hace pronto. Bosse-de-Nage está en la pista de baile, acechando feroz. Furfurfar lleva una pantalla de lámpara en la quijotera camuflado entre el mobiliario, como de atrezo, de incógnito. La radio está apagada, sin embargo, fluye el Chorro Musical, tácito y sempiterno. Guibo y Morselo, se aferran como fetos a las pantorrillas de Policarpo, que blande su escoba preparándose para el ataque del cinocéfalo. Entonces Bosse-de-Nage se abalanza contra ellos y Policarpo lo rechaza con un swing transversal del todo improvisado que impacta de lleno en el poblado entrecejo del papión, afectando también a Panmuphle en el mismo punto. Bosse-de-Nage se resiente unos instantes y se arroja de nuevo con los colmillos en las fauces. Esta vez Policarpo falla, acertando por el contrario al malenco felineco, y Bosse-de-Nage se cobra su pieza, ese pájaro, y lo engulle de un bocado.

Guibo: ¡No! ¡Ese era mi favorito!
Bosse-de-Nage: ¡Ha ha!

Por la puerta asoma Bo, con ojos rojos y joroschó y un halo de marijuana por el gorlo hasta la golová.

Bo: ¿Que si quiero o que si tengo?

Policarpo aprovecha la distracción para propinarle un puntapié al cinocéfalo en el mismísimo epicentro de su espantoso y tautológico trasero, de tal magnitud que éste sale despedido por los aires para acabar hecho lonchas, rodajas y lonticos, aspeado por el ventilador del techo y, definitivamente, muriendo para siempre.

¿Y ahora?

Policarpo barre ante sí, sin mirar al suelo. No hay nadie en el Diapasón. Tras el rasdrás, silencio. Policarpo no piensa en nada. No piensa en los glasos de Olivia, ni en los pedazos del malenco felineco. No piensa en Pepe, ni tampoco en Mo, ni en Bubbs, ni en lo poco que le gustan las sorpresas. Po no piensa tampoco en ningún pájaro. Policarpo no piensa, ni mucho menos reflexiona; Reflexionar es para los espejos, y Policarpo no es nada de eso. Policarpo barre ante sí, sin mirar al suelo y se dice: ¡Qué yarboclos!

Y ayer será otro día.

17.5.17

rasdrás.

conocí conocí a hnyudi azulesglasos lotra noche, pasada la medialuna. yo repartía gasettas a los despistados mientras fumaba cancrillos para matar el hambre y alguien sugirió goborar acerca del teorema de los cordoplastos. yo apenas sé mucho, pero si tal me defiendo. y entonces otro al que nunca vi antes vino a decir nos que no teníamos nideadenada y entamó a darle a la golosa con nosequé cosmogonías de una culebralrededor del mundo y cuando empezaba a ponerse el asunto de lo más sofista llegaron los exsiameses bifurino y bifuranto, dando voces en elojio de las leyes de la termodinámica y ya terminamos siendo almenos cuatropazguatos máso menos beligerantes en medio de lacera. de espropósito y de esproporcionado. NAGUAL gritó sobre la barahúnda:Y entonces, me sabrán decir uds, después de tales muestras de peroratismo y trampargumentos, por qué yarboyarboclos decimos qhay arañas que son gigantes y planetas que son ENANOS? yo me callé y no sé si fui el primero, pero losdemás también guardaron silencio y no sehubiera oído nada entonces de no ser por los camionesdelabasura que hacen ruido en la noche. azulesglasos llegó entonces y nos saludamos con la mano.perolló me fui más tarde sin desayunarme y con la saca llena de gasettas que no ven di. al otro día me senté en un banco de la plaza de NedLudd a dejar en blanco el rasudoque y geraldino arribó de pronto y semesentó alado. chocó sus tres contra mis cinco y me dijo quétal por mi nombre. yo asentí sisisí y nos callamos las bocazas. geraldino sacó una tela llena de pienso para pelícanos y lo repartió al rededor de nosotros. no tardaron en aparecer los ibiseremitas.lloledije Eres un ornitosádico de lo más cruel.yelmedijo Ya me sabes, a mí me gustan las cosas sencillas como la mistela con dos yelos y una mosca, los apeaderos terminales y los accidentes de teleférico acámara rápida, eso y ver cómo se atragantan los ibiseremitas los martes porlatarde, anteso después a todos nos llega el turno de ser devorados, queloaprendí en la tele. ysiguióhablando Mira, sinomecrees, esasquina dallí, el garbonzo’s, nada menos, con esas letras grandes y todo ese humus barato de factoría como reclamo para los domingueros, pues déjame decirte que antes aquello era el colmado de boris nakazan, famoso en toda la prefectura por tener unos hojos preciosos, una hermosa nariz, unos labios perfectos y unas horejas de lo más apetitosas, y, sin embargo, todaquello junto resultaba grotesco y de sagradable como si su rostro fuera un colaje de recortes con los rasgos de las más bellas personas vistasdesdefuera, y claro, no llegaban a encajar del todo, voy adecirte más, sabes ese hangar abandonado junto al río muil? pues no era para nada un hangar, ni mucho menos, eso un día fue la destilería de mhiel de zebra desta prefectura, tu no habías nacidoaún y ya nunca sabrás cuánto dedeliciosa era la genuina mhiel de zebra de san lundo, y la fundó mi bisuegrabuelo, nada menos, el francuzbeco gustavius quaga, que llegó con seis rixdales en el carmano y un par de lecciones de química que limpartió su vecino pin, y así contodo montó un himperio y calzaba un llavero gordo y abundante como los que gastan las personas con re esponsabilidades.(PUNTO)interrumpí Caramba! ahora con seis rixdales no te llega ni para el corcho. ygeraldinosiguióalosullo De poco le importa ya la econominflación, pues hace lustros questá criando lombrices en el muertedero con el es que leto blanco lustroso y, ya lo viste, su ecsitosa destilería reducida a borrachoso recuerdo de gerontohígados como el mío. geraldino arrojó el resto del pienso ala melé de ibiseremitas que se arremolinaba sobre los emplumados cadáveres de los que habían llegado primero y puso pies en polvo rosa sindespedirsesiquiera, abandonándome a los groncos graznidos. tan poco yo tardé enirme. malejé por la avenida y pasé sobre las dovelas dadobe del arco del fracaso. es importante que toda ciudad tenga uno, me digo a veces, para recordar a losanónimos que fracasaron antes que no sotros, y talvez también para vurlarse de todos los que fracasarán de espués. para dójicamente, este arco llevaquí desde nosecuándo, así quencierto modo sus arquitectos tuvieron écsito en su construcción aunque lo erigieran delrevés.y llo, sin darme cuenta, me quedé así sasnutado con la nananana de mis pasos y tuve que preguntarle a la milicienta por las señas de mi casa, gulando en sentido errónio. Pues cómo me va, me pregunta eldel quiosqo quando qompro ahí las qosas, Pues me va que se me va y que al final ni azulesglasos ni nopca de reseteo ni quiero bolsaplástico con la barra de pan y la banana, que vine aquí gritando y nago, de esnudo, y desdentonces sólo puedo estar de esvestido, que ni mis dhientes me pertenecen aunque un día fueran de mi mamamamá, que no tengo nideadenadadenada y que sólo me dura esta resaca queseme viene aveces y carrastro desde que nazí. yes por eso mismo que sujirieron dantebrazo el título de semibicéfalo asecas, pues de tener dos golovás, seguseguramete sólo usaría una  .

Ralph Steadman

23.7.16

hamburguesa jamaica.

Esa noche, en vez de salir corriendo para casa inmediatamente después del trabajo, como solía hacerlo, me tendí en medio de la praça do ninho basura y entré en una profunda ensoñación. Hacía un calor de mil demonios y el vulturno nos llenaba la frente de sudor como si fuera el vaho de su tórrido aliento. Las pálidas sirenas gorjeaban afónicas y endebles más allá de la avenida y ni un pájaro se atrevía a agitar sus páginas de cera por el puro pavor de perderlas derretidas.
Medité un tiempo incógnito y decidí que lo más apropiado, dada semejante situación de desamparo termodinámico, era buscar y encontrar un buen sitio donde beberse una jarra bien fría de cerveza y sendas chaschas de cachaça.
Enfilé por la rúa sur de cerro queneau en dirección al puerto de san antonio con las chancletas colgando de los dedos y la pituitaria amarilla reseca y enrojecida. Miraba al suelo, cuidándome de las cagadas, y aburrido de las ventanas ciegas de persianas veladas. Así llegué al malecón, casi sin darme cuenta.
—Sanza —me llamaban—, ¡Sanza! —era Manu.
—Manu —dije yo—, ¡vaya un calor que hace!
—Ya te digo —dijo él—, tengo el culo como un pantano.
Eran cosas nuestras.
—¿Y qué me dices? —preguntó— ¿Cómo te va por la gasetta?
—Más fu que fa —respondí—, sentado en una silla hasta pasada la medianoche, escribiendo sandeces por cuatro golis y no me como ni un cartófilo.
     —Si es que aquí nunca pasa nada de nada —apuntilló—. Por cierto, ¿tienes fuego?
     Le ofrecí una caja de cerillas de rip van winkle y él encendió su pipa bajo una luna incandescente y abrasadora. A Manu le encantaba fumar así, era todo un romántico.
     —¿Sabes qué? —me preguntó.
     —No, ¿Yo? No —dije yo.
     —Lo que más me apetece en el mundo es una jarra bien fría de cerveza aún más fría y un par de chaschas de cachaça —aclaró.
     —¡Justo iba a decir eso! —respondí, contento y furioso.
     Resolvimos cruzar el malecón hasta más allá del faro, por la carretera de pequeña kingston, para refugiarnos en el patio trasero de al. El patio trasero de al era una cantina donde sólo se servía cerveza rubia, ron, y las genuinas hamburguesas de al.
     Este manjar era un placer reservado únicamente para los paladares de aquellos insomnes hombres de jengibre que anduvieran noctámbulos y sedientos entre las dos y las cuatro de la madrugada; a partir de entonces, al cerraba sus puertas, pero uno podía quedarse bebiendo y comiendo el tiempo que quisiera, pues el patio trasero también tenía una puerta trasera por la que salir.
     Por el camino, Manu se lamentó de que no hubiera cachaça, y en cambio sí pampero; pero se contentó con la posibilidad de inflarse a plátano con chile habanero bien frito y untado de maslo de maní.
     Yo opinaba lo mismo.
     —Te diré lo que voy a hacer —me advirtió—; cuando llegue al patio trasero de al, pienso quitarme estos calcetines sudados y apestosos y los voy a tirar al tejado de al, muncharé una hamburguesa de res de media libra con ensalada de col y cebolla verde y nuez moscada mientras piteo una cerveza helada y, cuando termine, beberé pampero sentado al piano de al con el ardor del habanero debajo de la lengua y marihuana por el gorlo hasta la golová.
     —Y mayonesa —le reté—, por cuatro tragos te canto una serenata.
     —Me diviertes —me espetó—; voy a beberme hasta los cráteres de esa luna de moloco que visto de naito por sombrero.
     —Eres todo un romántico —le confirmé.
     Atravesamos el trecho sin farolas de la carretera de pequeña kingston esperando no pisar ningún alacrán que anduviera distraído. Saludamos al viejo Louie al pasar por delante de su chabola desvencijada y nos devolvió un gesto con su muñón de estribor y un guiño de su ojo tuerto. Louie, dorogo filibustero de las antillas estándar, más viejo que el cagar y prestúpnico como él solo; apenas lo conocemos.
     Paramos en la esquina de crimson con melmac porque yo tenía que mear, y Manu aprovechó para recargar la pipa y consumir otra cerilla de rip van winkle con una bocanada de humo voluptuosa. Descargué entre unos matojos, obnubilado con el halo que se refractaba en rededor de la blanca pupila del glaso nocturno. Fue un alivio.
     Le dije a Manu que se adelantara, que debía pensar un asunto antes de sentarme. Y fui a ocultarme en la cydonia del otro lado del sendero. Canela y nuez moscada, respiré. El límpido rostro de cabello verde y ojo púrpura. Una suerte de díptero se puso a practicar sus bailoteos brownoideos a mi alrededor y al principio me sentí molesto. Pensé en esas curvas asintóticas que trazamos sin querer y entonces lo sentí por la mosca, por no saber tampoco a dónde ir, como yo, pero con alas de plástico y el uchasño zumbido que rasrecea el mosco y no le deja a uno ni dormir.
     Agarré un cancrillo y me lo llevé a los labios. Absorto aún por esa luna. Busqué a rip van winkle en el fondo de mis bolsillos sin hallar más que pelusa y restos de pañuelos descosidos. Apuré el paso entonces, acordándome de Manu, y me tropecé con una raíz reseca y mustia que asomaba como un asa de la tierra ya muy vieja y descuajeringada. No me torcí el tobillo por tutatix, y por estos reflejos felinos y afilados que no sé de dónde me vienen.
     Doblé el recodo con las rodillas renqueantes y fue entonces cuando me topé con el calcinado y humeante solar al que se había visto reducido el patio trasero de al. Un pedazo de carne chamuscada en medio de las brasas era todo lo que quedaba del pobre pobre viejo al, como un lúgubre homenaje a las piezas de res molida que, a pocos metros de donde yacía, él mismo cocinaba.
     Manu estaba sentado un tanto más allá, encogido y curvo como un coatí con la mirada desorbitada. Entre sus dedos temblorosos, rip van winkle dormitaba con una sonrisa torpe y joroschó, y la espiga de marzo ahí ensartada, y con orejas de liebre.

     Abandoné la gasetta a la mañana siguiente y agarré un avión a cabo plátanos, donde me albergué en el jardín de un dedón samantino y bolnoyo con una barba plateada que me ofreció cobijo y lectura hasta que me aburriera o se me secara el clinamen.
     Y desde entonces que no me he vuelto a quejar más que de un dolor de muelas que arrastro desde que universo garcía me sacudió con su minutero el día del hunyadi gras, y de estas cervicales agarrotadas de tener el codo en alto.
Ya no quedan ni las cenizas de al, y jamás he vuelto a probar un bocado de esa hamburguesa tan de esa época como era su hamburguesa jamaica; ni yo ni nadie, pues ya no hay chef que la ofrezca en su carta.
     Y de Manu, pues sólo sé que regresó al sándwich sin su pipa y con un perenne antojo de potasio y anacardos. No tengo la menor idea de qué intrigas se traerá entre manos, ese bribón de tez rubicunda; ni de qué hará allá, en su san lundo propio, con los pulmones transparentes como una pecera entre las costillas.

George Carlson


14.2.16

Escena 440 A.


INT. BAR EL DIAPASÓN – NOCHE

POLICARPO sacude un trapo polvoriento sobre las botellas del estante para envejecerlas. PEPE arma un solitario castillo de naipes una y otra y otra vez. GERALDINO corrompe los crucigramas inventando vocablos con tinta azul, negra y roja de nadsat. BOSSE-DE-NAGE escribe haikus en sánscrito con surcos de hez marrón verdoso trazados por el pólice oponible de su pie izquierdo.

GERALDINO
(sin levantar la vista del periódico)
Oye, Poli, ¿cuándo demonios vas a librarte de ese maldito cinocéfalo papión?

POLICARPO
(se lleva el trapo al hombro con un gesto brusco que levanta una polvareda)
     Cuando pagues los tragos que debes, pedazo de filibustero.

BOSSE-DE-NAGE
(apunta a Geraldino con el dedo manchado)
     ¡Ha ha!

GERALDINO
Ya sabes que me tienen congelado hasta que pase la sequía. Anda, sé dobo y convídame a algo de pitear. Un poco de fuegodoro, nada más. Que el grasño dengo no machuque esta vieja amistad.

POLICARPO
(llena un vaso de licor)
Esto corre por tu cuenta. Y más te vale que al primate no le falte la ginebra porque yo no respondo de lo que se le ocurra y vaya a pasarte a ti.

BOSSE-DE-NAGE
¡Ha ha!

ITIMANOK entra en el bar. CAMPANILLA DE PUERTA. Se tambalea y casi resbala antes de llegar al taburete.

GERALDINO
     ¡Vaya un malchico pianitso! Oye, tú, ¿tienes un cancrillo?

ITIMANOK
Me pasó algo. Me pasó algo. Oiga, señor, caballero, póngame una copa, haga el favor.

POLICARPO
(cubre el fondo de un vaso con hielo)
     ¿De qué lo empapo?

ITIMANOK
     Wiski.
(pausa)
Decidí emborracharme porque no le vi mucho sentido a esta vida, apenas nada. Y, bueno, ya sabéis, últimamente estoy mal.
(pausa)
Me metí en un templo obscuro y abovedado donde hacen poesía con las luces bajas. La gente tiene sus poemas, otros sólo dicen mentiras.
(bebe del vaso que le sirve Policarpo)
Me tomé dos wiskis, tres, cuatro… y decidí salir al escenario. Salí y les dije: Me tomé tres cervezas de más, me tomé cuatro tragos de más, y no es suficiente para olvidar la rabia que se me come por dentro.
(bebe otra vez)
Les hablé, les hablé hablándoles y les seguí hablando como pude. Me arranqué pedazos y se los arrojé salpicando sus caras de sangre y bilis. Me aplaudieron bajando del escenario. Poetas vinieron, escritores…
(bebe otra vez)
Me pidieron mi nombre.
(bebe otra vez)
Y me dijeron que ojalá volviera algún día. Me dijeron que les había inspirado.
(pausa)
Volví a salir y rabié y rabié y rabié y rabié. Estoy muy rabioso. Estoy MUY rabioso. Rabié. Rabié con toda la rabia que el alcohol te puede brindar un mierdcoles.
(bebe otra vez)
Y lo que me queda por beber, porque yo no me voy aún.
(bebe otra vez)
Me volvieron a felicitar.
(pausa)
¿Y cómo me felicitan? ¿Cómo, Pepe, me felicitan con todo el daño que llevo dentro?
(pausa)
No lo entiendo.
(pausa)
Pero allí estaban felicitándome. Todos ellos.
(bebe otra vez)
Allí estaban.

BOSSE-DE-NAGE
(alza su copa de ginebra)
     ¡Ha ha!


DISOLVENCIA A:
PLANO GENERAL. TIME-LAPSE. Nadie se mueve apenas, excepto Itimanok: bebe cuatro copas más mientras habla y después sale por la puerta.


DISOLVENCIA A:
Entran PAMBL y BAIJ. CAMPANILLA DE PUERTA. Solicitan un par de cervezas y se acomodan en la mesa del rincón.

PAMBL
(da un trago a la cerveza en RALENTÍ)
En fin, lo único que digo es que yo sólo miro con asco a los que miran con asco. Y no hay nada más que hablar del tema. Que al final hacemos loxodromos de cada piedra y acabamos sin saber adivinar la luna en nuestro cenit.

BAIJ
(da un trago a la cerveza en RALENTÍ)
Hablando de loxodromos, yo ayer percibí la vida en toda su planitud asintótica. Me senté en el retrete con el periódico en el regazo y le pinté bigote a todas las fotografías. A algunos les puse un parche en el ojo. A otros que sonreían les usurpé algunos dientes y a los que no poblé de un lustroso entrecejo los rematé con sendos cuernos como guinda del pastel.

GERALDINO
(levanta la vista del periódico)
¡Así que eres tú el de los bigotes!

PAMBL
(bebe)
Sí, las distracciones no son mal negocio, pero esta tristeza sigue aquí hablemos de lo que hablemos y, mientras se disipa el jiste, mis ideas se escabullen y ya oíste lo que dije: ¿Mi comida favorita? Pues tal vez la sopa, pero mejor digo lo que sea que esté munchando en ese momento, un lontico de manteca, una galleta, un puñado de alpiste… Tal vez sea lo peor que coma en mi vida, pero sin duda lo mejor que podré comer entonces. Es fácil: Río de tristeza porque lloro de la risa.

BAIJ
Sé de lo que hablas, yo me dejé crecer la barba para así amortiguar sus besos y mírame, con este abrigo ceniciento y esta cara mala, ¡Qué mala! ¡De espanto! Como esas noches sin luna, con la negra cúpula negra que refleja el negro de mis ojos así de negros por estar así, sin luna.

GERALDINO
(retórico)
¡Tócate los yarboclos! ¿Es que no puede uno venir aquí sin tener que slusar a un atajo de liudos perpetuando una interminable retahíla de sandeces?

BOSSE-DE-NAGE
     ¡Ha ha!


DISOLVENCIA A:
PLANO GENERAL. TIME-LAPSE. Cada cual bebe esporádicamente de sus copas. Bosse-de-Nage se desplaza intermitentemente por la estancia adoptando las más esperpénticas posturas. Pambl y Baij se van. Pepe culmina un nuevo castillo, lo desbarata, baraja, y vuelve a empezar.


DISOLVENCIA A:
Entra el DR. ORANGJO. CAMPANILLA DE PUERTA. Media chaqueta le cuelga del codo, deja un maletín viejo sobre la barra y se deja caer en un taburete.

POLICARPO
     ¿Qué va a ser?

DR. ORANGJO
     Una Poderosa, y un puñado de manís, por favor.

GERALDINO
(sarcástico)
¿Y a ti que te aflige, eh? ¿Qué chepuca, qué meselo scvata tu quijotera? ¡Adelante, cuéntanos qué rascasos te rasrecean el rasudoque!

BOSSE-DE-NAGE
(termina de dibujar una cabeza de caballo seccionada a todo detalle con el pólice oponible de su pie izquierdo y apunta con él al Dr. Orangjo)
     ¡Ha ha!

DR. ORANGJO
(mastica manís y bebe cerveza)
Voy a tratar… No sé. Voy a intentar explicar todos estos sentimientos para explicármelos a mí mismo. Toda esta ansiedad, remolinos, ventiscas, temblores. Este reflujo gástrico palpitando, este yo-qué-sé-qué, esta hipoventilación alveolar: Creo que estoy enamorado.
(mastica manís)
Hace un par de años ya que rompí con Amanda y las heridas, pues ya veis, siguen sangrando.
(bebe cerveza)
Sólo me tengo a mí mismo, me decía a menudo. Sólo yo tomo mis decisiones y asumo nada más que los riesgos que yo quiera. Y todo el daño que sufra, toda herida que me haga, toda llaga, será por mi propia mano.
(bebe cerveza)
Pero la encontré a ella. No la buscaba. Yo estaba conmigo mismo, tranquilo, con mis riesgos, mis decisiones, mi cepillo de dientes… Supongo que todos piensan que estar enamorado es algo así como flotar sobre un colchón de nubes bajo la templada lluvia de un arcoíris… Nada de eso: Estoy incómodo y la ansiedad me aprieta la tripa. Las mariposas se me salen todas por la glotis y apenas atino a vocabulizar lo que siento por ella.
(mastica manís)
Yo la quiero. La quiero como persona. Como individuo independiente y con su vida. Con su existir. La quiero a ella por ser, no por ser ella.
(bebe cerveza)
Pero, y esto es lo que me colma de desasosiego, ¿por qué este anhelo constante, esta espera inasumible? ¿Por qué he de necesitar de su atención para sentirme seguro de que ella siente algo parecido por mí?
(mastica manís)
Pero quiero, de veras, quererla sin más y que vuele libre y con ello ser también yo feliz… pero esto me lleva otra vez a que tal vez algún día desaparezca…
(bebe cerveza)
     Personalmente, todo esto me provoca un dilema, la verdad.

PEPE
     ¿Y ella qué opina de este rasdrás?

DR. ORANGJO
     Ella me regaló un te quiero un hermoso día.
(pausa)
     Y yo, mudo, sólo supe darle las gracias.

Geraldino recoge su bolígrafo y se despide de Policarpo con un gesto típico de lundonita, educadamente. Policarpo recoge su vaso y lo deja en el fregadero, marchito. El Dr. Orangjo termina el cuenco de manís, concreta la botella de Poderosa, se despide y se va. Bosse-de-Nage dormita sobre el parpadeo de la máquina de tabaco y masculla ha ha entre ronquidos. Pepe apura su vaso de fuegodoro, lo posa en la barra. RUIDO SORDO. Saca un arma. Se va por la puerta. CAMPANILLA DE PUERTA.

POLICARPO
     ¡Oye, Pepe! ¿Dónde vas con esa pistola?

PLANO GENERAL. TIME-LAPSE. Policarpo limpia la barra, barre el suelo y apaga las luces. AMANECE. Todo vuelve a empezar.


FUNDIDO A NEGRO.

8.2.15

Chai con moloco.

         Aquel día varitó dva malencos lonticos de klebo con maslo y odina chascha de chai con moloco y tri cucharadas del sladquino sacarro. Eso le dejó bien llenas las quischcas y scorro ucadió a rabotar a la cantora de la gasetta que era su domo desde que terminó la scolivola.
     Nuestro dorogo drugo es un cheloveco chudesño cuyo imya no voy a revelar. Puede scasarse de él quizá que sea un tanto odinoco, bolnoyo de straco, spugo por el sarco devenir de su chisna. Siendo tan molodo… Es un naso puglio como no hay otro; tal característica nunca ha hecho de él un sodo nadmeño y grasño, sino más bien hizo de este veco un liudo de lo más samantino y joroschó. Aun con todas sus chepucas, dignas del más glupo de los schutos, y sin colocolo en la golová que le chumlase meselos.
     A todo esto, era tan umno que nunca se interesobó por el dorado usy de ser bugato de dengo, lo cual consiste únicamente en cuperar un duco de vesches schutas y otros tantos golis en el carmano. Eso solo eran silaños para él.
     Aquel día, en que munchó klebo con maslo y chai con moloco en el desayuno, no iteó a rabotar; y es que, gulando, sus glasos se dratsaron con otros glasos, bredándose como britbas y haciendo brotar el starrio crobo en su pecho.
     Su gloria era como el boloso de un ángel. Sus glasos como los glasos de una coschca, y esto hacía que a este veco se le abriera una yama entre los plechos. Sus ucos, dobos, aquella rota chudesña, dibujada por tal guba roja. Esos subos relucientes que se videaban cuando fumaba de un cancrillo y el liudo sentía celos del humo que scraicaba el gorlo de ella.
     No habían goborado nunca. El veco ni siquiera había slusado su golosa, la había slusado smecar, pero ese svuco al videarla le llenaba el ploto de radosto y sus nogas temblaban y tuvo un snito en el que dva lubilubaban nagos y ahí una ruca, ahí unos scharros, unos grudos, unos yarboclos, un bruco, una yasicca. Dva por cada. El acto de brojar lo maluolo y crarcar al naito sin niznos ni sabogos, poleando, nuqueando, ubivando, snuflando. Rasdrás, las nogas y la talla de una filosa que te rasrecea bien la golová. Apenas unas minutas, vono, chumchum, y nuestro veco quedó lovetado, plenio en una staja donde no hay prestúpnicos ni maluolos meselos ni polillaves que abran ocnos, plescos en la poduchca. El meselo de ponimar y ser ponimado y así ser odin bolche y joroschó. Teniendo, por fin, un litso que smotar: la china de su chisna.
     Pero no fue más que una spachca. Otra vez. Otra vez el viejo meselo de odina golová besuña.


     El veco, ese mismo naito, cuperó una bolche botella de fuegodoro con dencrom y piteó y piteó hasta caer spatado, sasnutado. Y, al día siguiente, munchó klebo con maslo y chai con moloco.