Era un martes cualquiera y al día siguiente sería miércoles,
como casi siempre que empiezan las cosas buenas por aquí. La Tierra cruje en su
rotatorio tic-tac y a mí me zumba un oído como cuando se acerca un enjambre
híbrido de esos y la cabeza se embota y se hincha como la vieja berenjena. Dos caballos amarillos traqueteaban sobre el
asfalto gris de punta a punta del país atravesando las delgadas lunas
sonrientes y los adormecidos cuerpos de las ideas desnudas y el alce que
eructa. Un tal Vinsentván o más bien
su barbirrojo busto en una maceta decorada y con amapolas saliéndole de la
quijotera; las raíces asomaban por abajo, buscando qué, exorbitadas. Es un chiste conocido: Dos moscas pueden
estar encerradas en una caja de zapatos y aún así no encontrarse nunca. El ocho
tumbado, quiero decir, infinito. Y hombres con peceras por barriga que además sirven
de bombilla. Y ese pez y sus burbujas glub-glub. Mi rostro de un trazo, o eso
creo. No estoy en mis cabales. Los edificios metálicos forman un círculo de ceniza
como aquella noria en la que me mareé una vez y seguí dando vueltas sin parar y
al parecer así sigo. No sé. Una suerte de limbo cutre. La neutralidad en carne
y seso.
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14.5.14
1.12.13
Joroschó.
Todo parece
tan obvio que no merece la pena cuestionarse esto y aquello como un simio
preguntón y desorientado. Las manos en el suelo, con el delicioso samsara que nos mata de risa. Un tipo me
dijo: ¿Sabes por qué me gusta tanto ir a mear? Porque son los únicos momentos
en los que me siento relajado de veras y mi cuerpo se vacía. Y fue entonces
cuando me percaté de que el tiempo también pasa para el resto.
Jugando con
las vocales un minino sonriente me preguntó que quién era yo. ¿Yo? Yo sólo sé
quién quiero ser. Dicen que sólo con eso no vale, pero también que todo son
etapas, y ahora mismo yo soy ésta. Mira a ese gato encaramado entre las ramas
que se ve por mi ventana ¿Acaso no es un motivo de alegría tan justificado como
un cumpleaños o algo así? Las suelas de nuestros zapatos brincan y hacen
cabriolas sobre una loca roca preciosa que da vueltas en torno a una estrella
cualquiera, ¿Cómo no nos vamos a reír?
![]() |
| Wassily Kansinsky. |
26.11.13
Veintitrés puñaladas.
Camino de
vuelta paramos en una estación de servicio cerca de Dallas. Chasc dijo: Huevo.
Y yo pedí un par de cervezas y unas patatas con ali-oli. Masticamos las papas a
gusto mientras el sol se levantaba entre Cuenca y Albacete, y apoyamos sendos
codos en la barra metálica mientras digeríamos los tubérculos y bebíamos la
cerveza, limpiándonos de vez en cuando con esas servilletas horribles que se
ponen pringosas y te raspan las aletas de la nariz al sonarte los mocos.
Después yo quise pedir otra ronda de birras, pero Chasc levantó el dedo
mientras bajaba la mirada con sonrisa descarada para pedirse un bourbon, así
que yo pedí otro. Qué menos, pensé, que sumergirse tranquilamente en un
sosegado oasis añejo de barrica de roble. Aún queda mucho viaje de regreso, nos
dijimos los dos para nuestros adentros, más vale que disfrutemos de este trago.
—¿Has mirado la presión de las ruedas? —le dije yo después de un rato. —Están
bien seguro, además no las voy a necesitar para cruzar el charco hasta la Pampa
—contestó mientras intentaba pinchar con un palillo la última patatilla, tan
pequeña que resultaba imposible de pinchar. Por poco me atraganto dando otro
trago a mi copa de desayuno, pues apenas lo empecé vi por el rabillo del ojo
que Chasc hacía exactamente lo mismo, e intenté tragarme una carcajada empapada
en bourbon, pero no funcionó. La Tierra gira despacio, pensé entonces, las
nubes también lo hacen, incluso las estrellas, todo a su manera, pero despacio,
y yo no sé porque tantas veces espoleo mi trasero para darme prisa por
cualquier cosa, si lo que en verdad me gustaría es ser tierra, nube y estrella.
Chasc dijo: Atún. Y se pidió un montadito, yo unas aceitunas. Terminé de roer
el tercer hueso cuando Chasc me preguntó por la basura. —¿A qué te refieres?
—respondí yo— La saqué antes de irnos. Y le dibujé una bolsa de basura con
cenefas de tinta azul para ilustrar el mal olor y un par de moscas
revoloteando, todo en una servilleta, servillage
(o Sir Village). Me gusta tanto el sonido de las cucharillas con las tazas, el bufido
de la cafetera y el parloteo o bullicio general de una estación de servicio
cualquiera. Tal vez luego compre algo de recuerdo de esta carretera
polvorienta, o quizás unas pastas. —Veintitrés puñaladas —dijo Chasc de
soslayo— Una por cada vela que se apaga y se me arrugan las comisuras de los
párpados. —No te eches tierra encima aún —musité— y tómate otra copa, piensa en
todo el camino que nos queda de vuelta, hay que estar despiertos ¿Has visto
todas esas señales que hay en la carretera? Eso que dicen los viejos: un ojo en
el horizonte, otro en el camino y otro más en el pie.
13.11.13
Oso hormiguero.
—Conocí conocí
a un tipo —dijo García desde el taburete frente a la barra—, creo que se
llamaba Baum o algo así, era astromecánico, se dedicaba a arreglar estaciones
espaciales y esas cosas. Me contó —dio un largo trago a su vaso de vino— que
una vez estaba ajustando unos paneles y toqueteando unos manguitos a gravedad
cero, con su traje de astronauta y todo, cuando vio pasar a un oso hormiguero con
escafandra flotando por ahí. Eso me ha hecho pensar… ¿Cuántos osos hormigueros
estarán en órbita en este mismo momento? o sin ir más lejos ¿Quién será el que
les pone todas esas escafandras adaptadas? Hay tantas preguntas y tantas respuestas
que no existen… Es como aquello de si un árbol cae en medio del bosque y no hay
nadie para oírlo, pero así con todo —apuró los últimos sorbos de vino y pidió
otro— ¿Qué me importan a mí, después de todo, los osos hormigueros estén donde
estén? ¿Sabes? Tal vez para un biólogo amazónico pueda resultar un tema de una
trascendencia terrible, pero para mí, que sólo soy un humano que está aquí,
ahora, contigo, hablándote de todo esto, no deja de ser más que una mera
anécdota curiosa que no cambiará tu vida lo más mínimo, si acaso en que a
partir de ahora podrás decir que conociste conociste a un tipo que conoció
conoció a un tipo que era astromecánico y no sólo eso, sino que además vio a un
oso hormiguero flotando a cuatrocientos kilómetros sobre la Tierra que, por si
fuera poco, llevaba escafandra. Es tan difícil y al mismo tiempo tan sencillo
explicar todo esto… Quiero decir que nada importa de veras, si acaso unas
cuantas cosas como el amor y la felicidad y el poder llevarse algo a la boca de
vez en cuando. Incluso se podría prescindir de las dos primeras si uno se
conforma con la supervivencia neta. El caso es: ¿Por qué preocuparse entonces? Si
puede haber osos hormigueros en el Espacio, quién te dice que no puede haber
uno justo detrás de ti justo ahora, o tal vez uno muy pequeño alojado en tu cerebro
o en tu menisco, quizá cientos ¿Pero sabes qué? Si uno ha de preocuparse por
los osos hormigueros también tendría que hacerlo por la recogida de basura y a
nadie le gusta tratar con todo eso. Y no les culpo, a mí también me gusta
pensar que soy hijo del viento y los ríos criado por árboles y ovejas y lobos,
con el mismo fuego aquí en el pecho que el que hace arder el Sol, y cuando
pienso estas cosas me olvido de todos los osos hormigueros o baobabs que puedan
estar flotando o creciendo por ahí y se me pone una sonrisa joroschó.
30.10.13
Hay una bombilla en una maceta.
Nació en un
coro de grito y llanto llevándose con su primer aliento la voz mitocondrial
envuelta en placenta como una broma de mal gusto con la nariz roja y redonda.
Creció con
unos parientes lejanos en un pueblo cercano como un pequeño simio desnudo que
trepaba por los troncos de los visitantes para encaramárseles a los hombros y
no articulaba más sonido que la primera vocal llevándose una mano flácida a la
boca como imitando un mordisco para expresar hambre (cuando sentía sed hacía
algo parecido).
Nunca se le dio
bien nada realmente, pero una vez tuvo una idea, y la bombilla que salió del
remolino de su coronilla la puso en una tacita de té entre algodones que había
humedecido como hacía con las lentejas. Después cogió un sombrero de copa de
ala ancha con una pluma irisada que encontró por ahí y se lo puso, para tapar
el agujero.
La bombilla
fue brillando con más intensidad cada día que pasaba y, cuando dejó de
parpadear del todo, la puso en una maceta de arcilla llena de tierra
enriquecida y pintada con triángulos y círculos de colores, tres de cada.
Aún no ha dicho
ni mu, pero su bombilla resplandece de tal forma que para mirarla uno ha de
ponerse antes unas modernas gafas polarizadas de marca.
10.7.13
Moloch.
—Sólo digo que
el futuro, visto desde estos ojos guasones, es escalofriante de veras. En
serio, me da miedo. Pienso en todas esas cámaras de vigilancia y ordenadores y
en los móviles inteligentes y me viene a la cabeza un gran mapamundi
electrónico con lucecitas indicando la posición de cada consumidor u ovejita o
como quieras llamarlo. No hace falta más que ver la cantidad de coches y
máquinas que hay, y todas esas fábricas mastodónticas en las que nadie sabe qué
se fabrica más que humo ponzoñoso que hace que el aire se vuelva gris. Puede
que sea un loco catastrofista temeroso del apocalipsis. Desde luego que no lo
hago por gusto ni me hace lo más mínimamente feliz el tener todo esto en mi
sesera como serrín mojado esparcido por aquí en la nuca. Porque me duele la
cabeza. Y Me pone triste pensar en las ballenas y en los elefantes. Me pone
triste que se esté destripando la tierra para sacar el sagrado desperdicio de
la Creación y que no crezcamos como plantas al sol aprovechando cada gota de
agua sin mancillarla agitados por las brisas tontainas así como en un bailoteo
de verano. Me pone triste que se corten árboles para hacer billetes. Y me pongo
triste al pensar en toda aquella gente que no vive en paz ni libre ni feliz. Tampoco
digo que no queden cosas buenas. No pasa un día sin que vea una sonrisa, aunque
sea por el rabillo del ojo. Siempre queda amor. Lo que digo es que tengo miedo
de que todo lo bueno que hay por acá y más lejos, que es mucho, se vaya al
carajo por culpa del todopoderoso no-sé-quién que arruina cuanto toca.
¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación? ¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables! ¡Niños gritando bajo las escaleras! ¡Muchachos sollozando en ejércitos! ¡Ancianos llorando en los parques! ¡Moloch! ¡Moloch! ¡Pesadilla de Moloch! ¡Moloch el sin amor! ¡Moloch mental! ¡Moloch el pesado juez de los hombres! ¡Moloch la prisión incomprensible! ¡Moloch la desalmada cárcel de tibias cruzadas y congreso de tristezas! ¡Moloch cuyos edificios son juicio! ¡Moloch la vasta piedra de la guerra! ¡Moloch los pasmados gobiernos! ¡Moloch cuya mente es maquinaria pura! ¡Moloch cuya sangre es un torrente de dinero! ¡Moloch cuyos dedos son diez ejércitos! ¡Moloch cuyo pecho es un dínamo caníbal! ¡Moloch cuya oreja es una tumba humeante! ¡Moloch cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloch cuyos rascacielos se yerguen en las largas calles como inacabables Jehovás! ¡Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en la niebla! ¡Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades! ¡Moloch cuyo amor es aceite y piedra sin fin! ¡Moloch cuya alma es electricidad y bancos! ¡Moloch cuya pobreza es el espectro del genio! ¡Moloch cuyo destino es una nube de hidrógeno asexuado! ¡Moloch cuyo nombre es la mente! ¡Moloch en quien me asiento solitario! ¡Moloch en quien sueño ángeles! ¡Demente en Moloch! ¡Chupa vergas en Moloch! ¡Sin amor ni hombre en Moloch! ¡Moloch quien entró tempranamente en mi alma! ¡Moloch en quien soy una conciencia sin un cuerpo! ¡Moloch quien me ahuyentó de mi éxtasis natural! ¡Moloch a quien yo abandono! ¡Despierten en Moloch! ¡Luz chorreando del cielo! ¡Moloch! ¡Moloch! ¡Departamentos robots! ¡Suburbios invisibles! ¡Tesorerías esqueléticas! ¡Capitales ciegas! ¡Industrias demoníacas! ¡Naciones espectrales! ¡Invencibles manicomios! ¡Vergas de granito! ¡Bombas monstruosas! ¡Rompieron sus espaldas levantando a Moloch hasta el cielo! ¡Pavimentos, árboles, radios, toneladas! ¡Levantando la ciudad al cielo que existe y está alrededor nuestro! ¡Visiones! ¡Presagios! ¡Alucinaciones! ¡Milagros! ¡Éxtasis! ¡Arrastrados por el río americano! ¡Sueños! ¡Adoraciones! ¡Iluminaciones! ¡Religiones! ¡Todo el cargamento de mierda sensible! ¡Progresos! ¡Sobre el río! ¡Giros y crucifixiones! ¡Arrastrados por la corriente! ¡Epifanías! ¡Desesperaciones! ¡Diez años de gritos animales y suicidios! ¡Mentes! ¡Nuevos amores! ¡Generación demente! ¡Abajo sobre las rocas del tiempo! ¡Auténtica risa santa en el río! ¡Ellos lo vieron todo! ¡Los ojos salvajes! ¡Los santos gritos! ¡Dijeron hasta luego! ¡Saltaron del techo! ¡Hacia la soledad! ¡Despidiéndose! ¡Llevando flores! ¡Hacia el río! ¡Por la calle!
—Allen Ginsberg.
14.2.13
Respira.
Qué bonito ye este
estanque en el que arrojamos flores entre los nenúfares haciendo que las
doradas carpas se agiten sorprendidas y bailoteen en las floridas aguas.
Tal vez pase por Salt Cave City, pero sólo de paso. Tengo
muchos asuntos pendientes. Entiéndelo. Es la ciudad de mis amores y ahora tengo
algo de prisa.
A mí es que, a veces, me gusta dormir al sol y sentir un
cielo azul y así nunca pienso en que me salen burbujas de pus en los ojos y
pesadillas por el estilo, porque sólo hay una cálida radiación en forma de síndrome
calentándome las pestañas mientas se oye el bamboleo de las olas y eso, amigos
míos, hace que el tiempo desaparezca.
¿Qué cosa? Muchas de las páginas de mi cuaderno están
manchadas de cerveza y a veces incluso me apetece llorar por ello, pero ¡qué
demonios! ya me siento bastante triste por tener lo que voy a perder y estas
páginas no merecen mi llanto. Es un fado.
Tú eres la razón por la que estoy viajando, por si acaso te
encuentro.
Aquí y allá la gente sigue odiándose sin querer y pensando solamente
en quitar el polvo de los muebles. Y es triste pensarlo y por eso a veces
tuerzo la boca. Y los locos son los que compran fruta con una sonrisa y te dan
los buenos días en el rellano, o los que pasean a un perro sin correas —porque
bastantes tenemos ya— y van oliendo flores mientras dibujan figuras en las
nubes. Esos son los locos, los lunáticos. Y yo a veces me quedo quieto mirando
a la luna.
¿Final feliz?
Últimamente oigo a la tierra respirar. Digo en sueños. Es
como un blanco y furioso bramido de alguien que duerme vestido de tierra y
fuego y agua arropado con un suave manto de aire y pomposas nubes. Es algo
verdaderamente difícil de oír y no me quiero hacer el macho por ello. Es un
tímido susurro. Como quien confiesa un secreto frente al espejo. Como quien
intenta dictar sus sueños en un plácido duermevela justo antes de cerrar los
ojos sobre una mullida almohada.
Supongo que estaba soñando en pasado, y todo aquello, de
poder pasar, ya habría sucedido. Siento haberte hecho llorar, quizás sea algo
inseguro y celoso. Tal vez me sienta triste aquí dentro, mas no quiero saber
por qué. Puede que ya lo sepa. Puede que no quiera admitirlo, no sé. Es más
fácil silbar por la calle una mañana cualquiera mientras el vaho acaricia mi
tez y dejo que el tiempo pase como quiera.
Confieso que he estado una buena temporada mirando a las
moscas pero… ahora creo que nada va mal, dentro de lo que cabe. Ayudo a mi
manera ordenando grandes cajones de libros polvorientos que, entristecidos a su
manera, buscan desamparados un nuevo dueño que los acoja, con hipotéticas
lágrimas en sus hipotéticos ojos de libro.
Al final siempre eres tú la que hace latir todo esto.
Y ya.
20.9.12
Con la mirada perdida en el encuentro de cielo y mar.
No hacen falta más que tres ingredientes. Al primer vistazo
pueden parecer sencillos, pero, visto con los ojos brillantes, nada lo es.
Necesitamos en primer lugar un buen puñado de fina arena,
tal vez dos. Con todas sus pequeñas partículas relucientes y sus conchas
abandonadas. Un buen manto del color de las páginas viejas donde enterrar los
pies y sentir el latido de la Tierra al rodas. Un sitio donde sentarse con las
piernas cruzadas y observar el resto.
Después es necesario un buen cubo de agua salada, tal vez
dos. Con todas sus espumosas olas y sus secretos olvidados. Un vasto desierto líquido
del color de la tinta —azul en el día y negro en la noche— donde empaparse el
cuerpo y bañar el espíritu para limpiar lo malo. Un sitio donde dejarse llevar
con el cuerpo relajado y dejarse mecer por el rumor de las olas.
A todo esto falta aún una gran cucharada de cielo, tal vez
dos. Con todas sus pequeñas estrellas titilantes y sus vaporosas nubes
conversando en secreto a merced del viento. Una infinita cúpula ora celeste ora
azabache donde fijar la mirada perdida y dejar la mente volar. Un sitio donde
sentirse tan pequeño como un grano de arena o una gota de agua o una estrella
diminuta y, aún así, parte del mismo todo.
Pues todo, hasta el encuentro de cielo y mar, está formado
por cosas muy muy pequeñas. Y desde luego, caben muchas.
17.3.12
La Corriente Detrítica.
«El desierto es
un entorno de revelaciones, un lugar de una genética y una psicología extrañas,
de una sensorialidad austera, con una estética abstracta y una historia cargada
de hostilidad […]. Sus formas son
audaces, incitantes. La mente queda presa de la luz, el espacio, la
originalidad cinestética de la aridez, las altas temperaturas y el viento. El
cielo del desierto es envolvente, majestuoso y terrible. En otros hábitats, la
línea del horizonte se quiebra o se oscurece; en el desierto se funde con la
bóveda que está sobre nuestras cabezas, infinitamente más vasta que la que se
divisa en las grandes extensiones donde se despliegan campos y bosques […]. En
este cielo panorámico, las nubes parecen más compactas y a veces la concavidad
de su parte inferior refleja con magnificencia la curvatura del globo
terráqueo. La angularidad de las formas terrestres del desierto confiere una
arquitectura monumental a las nubes tanto como al mismo relieve […]. Es al
desierto adonde se dirigen los profetas y los ermitaños, adonde van los
peregrinos y exiliados. Es en él que los líderes de las grandes religiones han
buscado los valores terapéuticos y espirituales del retiro, no para escapar de
la realidad, sino para descubrirla».
Paul Shepard, Man in the Landscape:
a Historic View of the Esthetics of Nature.
| George Hunter |
12.3.12
Vivo ahora en un sueño extraño.
Vivo ahora en un sueño extraño, estoy despierto o eso creo,
algo raro pasa todo el rato. Me imagino ahora como uno de los sucios poetas de
Natalia Castro, con el cuello de la camisa manchado de vino avinagrado.
(..)Y, cuando llega la noche, los poetas calados de hastío hasta los huesos, oliendo a cansancio que dan pena, se dejan morir sobre sus alfombras mágicas atestadas de lamparones dejados porantiguos poemas de amor. Natalia Castro.
Y me refugio en una madriguera tallada
en la madera de aquel árbol donde los colores se envuelven en papel marrón con
un pequeño lazo de cuerda deshilachada, donde escondí poemas antes de nacer
para escribirlos ahora… pero, maldita mi suerte, no los encuentro.
Esta madriguera está forrada de verdes
enredaderas con flores amarillas y rojas y verdes y moradas y azules como los
pequeños pájaros que revolotean en torno a ellas, también hay anaqueles con
cientos de botellas llenas de barcos y arena y cartas de náufragos cuyos huesos
hace tiempo que se volvieron coral, la entrada a este refugio está custodiada
por una cortina de agua que se precipita desde la copa, donde no alcanza la
vista y, lo más divertido, es que el suelo es esponjoso como la lengua de una
ballena dormida. Me gusta a veces tumbarme en esta alfombra y escuchar el
latido de esa ballena, tan pausado, su respiración y la mía, como las
conversaciones de las olas bajo el sol.
En este sueño yo quisiera ser poeta una
vez más, un poeta enamorado, un poeta invisible, un poeta con la cabeza
escondida en el cajón de los calcetines, un poeta desnudo frente al espejo, un
poeta callado, un poeta sin poemas.
En este sueño llegué al horizonte y me
asomé al otro lado… ¡encontré uno nuevo! “tal vez la Tierra sea redonda de
veras”, pensé, y me eché panza arriba a escoger nubes para hacer un ramo con
ellas y regalárselo a cualquier persona que me espere en la estación de ningún
tren. En este sueño esa persona sí existía, y yo no me ponía a arrancar briznas
de hierba con los ojos desorbitados, no me ocultaba del cielo debajo de una
gran roca, no me convertía en uno de esos lobos de ojos rojos, sino en los
suyos, que cantan a la luna y se transforman en búhos agitando sus alas de
plata en la noche.
Aúllo.Aúllo a la luna que me gusta estar viva. Que siento correr por mis venas algo más fuerte que el cuantrón. Aúuuuuuuullo. Me da igual que no dure, que no lo entiendas o que se me olvide. En este instante, sólo aúllo, como si de esta manera, dejase mi cuerpo y el mundo atrás. Como si de esta forma pudiese transformarme en búho y volar toda la noche. Verde.
En este sueño los días pasan también, y en cada uno
de ellos me despierto habiendo olvidado el anterior, desconocedor de que
olvidaré el presente cuando me despierte al siguiente. Pero no brotan lágrimas
de mis ojos, si acaso de dicha, pues cada flor en el camino se presenta como
nueva, cada pez naranja en mi barriga me hace nuevas cosquillas con sus
burbujas. En este sueño me alimento de jalea de versos preciosos sin palabras y
del néctar de mis pasos y de la dulce lluvia mojando mi frente. En este sueño
cada parpadeo hace que cambie el paisaje, que las raíces de los árboles se
estremezcan en alegres sacudidas. En este sueño mis manos son invisibles y me
divierto intentando asir cosas con admiración, asombrado por el tacto que
entonces adquieren.
En este sueño no hace falta que escriba estas palabras ni
ningunas otras… en este sueño nada importa de veras, cada bocanada de aire,
cada trago, es el primero y el último.
| Wassily Kandinsky, Comp. nº7 |
3.3.12
Chasc escucha la vida.
Y sin que sirva de precedente... son estas las palabras que me gusta escuchar y que quiero compartir.
Noche cerrada en la sierra. Bocanadas de aire fresco y frío. Pero acogedor. Quizás sea el olor a leña quemada, a chimenea, fuente de calor natural que conquista a cualquiera. Al menos a mí, un enamorado del dulce balanceo de las llamas de un fuego. Llamas que parecen tratar de huir pero siguen atadas al tronco. Metáfora de la vida. ¿Cuántas veces hemos querido huir pero nos hemos anclado?.Paz y tranquilidad. El ruido está prohibido en este paisaje. La temperatura invita a entrar en casa pero aquí fuera se está tan bien... Encima a la escena le acompaña un noble sonido de una guitarra acompañada de un siempre melancólico sonido de una armónica.Desde este lugar desde donde escribo se ven las estrellas; placer de pueblo, placer enorme. La inmensidad del espacio y sus derivados pensamientos acerca de cuán minúsculo es el ser humano en "proporción al universo"...Desde aquí, todo es más bonito. Vivir con esta tranquilidad y esta armonía es patrimonio inmaterial de la humanidad. Uno de los pocos que la Tierra aún nos regale. Esperemos que sea un regalo eterno. Al menos para mí. No necesito mucho más que esto para ser feliz. Soy simple. Pero es que desde aquí se escucha la vida.Desde su punto de vista borroso...Chasc.
31.1.12
La muerte de cada mañana.
¿Cuándo muere una mañana? – se preguntaba siempre Mark
mientras fumaba en su desvencijada mecedora como un péndulo de nubes en aquel
viejo porche entre los sauces y los mosquitos de Louisiana. Mark Clemens era un
viejo que había vivido ya muchas cosechas y tiempos de guerra, siempre con una
azada en una mano y un rifle en la otra, era un niño que nunca lo había sido,
con un manto de sueños incumplidos sobre su frente, con un corazón marchito por
el sol y la lluvia y la tierra, con el cabello blanco y arrugas sabias y
analfabetas.
Se imaginaba a
sí mismo muchas veces partícipe de un gran espectáculo circense, no
necesariamente en un papel protagonista, no ansiaba fama ni dinero, él quería
vivir en aquel mundo mágico en el que todo era posible, no había duras jornadas
de labranza ni trincheras salpicadas de muerte, sólo mentiras agradables que buscaban
la carcajada de la muchedumbre. Lo había entendido hacía ya años, que todo
aquello era mentira, pero aún así no conseguía librarse de esa sensación al ver
a los funambulistas surcando cuerdas flojas o a los traga fuegos transformados
en dragones, esa pueril sensación de que hay algo más, algo que no se puede ver
ni tocar. Sonreía entre calada y calada pensando estas cosas mientras observaba
a sus hijos trabajar la tierra que antaño sintió el tacto de sus manos. Miraba
al cielo y no sentía pesar por todas aquellas cosas que no había vivido, sentía
gratitud por haber podido soñar con ellas… Mark “Halley” Clemens murió en su
vieja mecedora sin saber en qué momento la mañana se convertía en tarde, pero
murió feliz, ni siquiera se acordaba de ese asunto en el momento en el que su
último hálito brotó de sus labios.
10.6.11
Viento.
¿Que qué es lo que veo? No veo nada.
Las cabezas de las filas de delante no me dejan ver.
Mis párpados no me dejan ver.
Mis legañas y mis lágrimas no me dejan ver.
¿Quiero ver?
No quiero ver.
Quiero tener unos dedos entre los míos.
Quiero sentir otra respiración junto a mi mientras duermo.
Otro corazón.
Hay un lago viscoso de color rosa chicle.
Moscas.
El cielo es verde lima.
Y los árboles... los árboles no quieren aguantar el peso de más gente sobre sus ramas.
Sólo quieren trepar a las nubes y excavar la tierra.
Todo es mentira, el viento no silba canciones en nuestros oídos, ni las nubes dibujan formas.
La magia somos nosotros. Nosotros creamos todo eso. Nosotros creemos las falacias que inventamos.
Tú eres el viento.
Las cabezas de las filas de delante no me dejan ver.
Mis párpados no me dejan ver.
Mis legañas y mis lágrimas no me dejan ver.
¿Quiero ver?
No quiero ver.
Quiero tener unos dedos entre los míos.
Quiero sentir otra respiración junto a mi mientras duermo.
Otro corazón.
Hay un lago viscoso de color rosa chicle.
Moscas.
El cielo es verde lima.
Y los árboles... los árboles no quieren aguantar el peso de más gente sobre sus ramas.
Sólo quieren trepar a las nubes y excavar la tierra.
Todo es mentira, el viento no silba canciones en nuestros oídos, ni las nubes dibujan formas.
La magia somos nosotros. Nosotros creamos todo eso. Nosotros creemos las falacias que inventamos.
Tú eres el viento.
| Saliha Bazmjow |
23.4.11
¡Sé Feliz, sé Feliz!
Al habla el planeta Tierra. Soy el agente Blanco ¿me reciben?
Hoy he mantenido la Paz en el mundo, cambio.
Este planeta es muy bonito, corto y cierro.
24.4.10
Sin cabra no hay gloria.
Madre Tierra, mi sistema de soporte vital como soldado,¿Qué se puede esperar de una comedia con George Clooney, Ewan McGregor, Jeff Bridges, Kevin Spacey... y la cabra, si no es que sea tremendamente divertida?
necesito beber tu agua azul, vivir dentro de tu arcilla roja, y comer tu piel verde.
Lleva mi cuerpo a través del espacio y del tiempo.
Eres mi conexión con el Universo y todo lo que viene después,
Yo soy tuyo, y tu eres mía.
Te saludo.
Ejército de la Nueva Tierra.
8.4.10
¿O no?
Quizás estén en la tierra... y soy yo el que está en las nubes.
11.1.10
Ya nos lo advirtieron los Mayas...
Me refiero a la última película de Roland Emmerich, la apocalíptica 2012, que sigue la línea de otro famoso título de este director, El día de mañana. Fin del Mundo, repoblar la Tierra, bla bla bla.
Visualmente es una pasada, sin duda, ahora bien, los personajes son topicazos, que recuerdan mucho a los de Deep Impact, más de lo mismo: la puta grieta que se abre en el sitio perfecto, la maldita suerte del protagonista (John Cusack) que le permite sobrevivir... y el típico "malo" que no es malo, pero se comporta como un gilipoyas, sin olvidarse del Presidente de los Estados Unidos que es el mejor y se sacrifica por todo el mundo.
Y aunque muchas escenas estén cargadas de tensión, incluso algunas contadas bastante emotivas... la reacción predominante que tuve durante la película fue un continuo ¡Venga ya!
Visualmente es una pasada, sin duda, ahora bien, los personajes son topicazos, que recuerdan mucho a los de Deep Impact, más de lo mismo: la puta grieta que se abre en el sitio perfecto, la maldita suerte del protagonista (John Cusack) que le permite sobrevivir... y el típico "malo" que no es malo, pero se comporta como un gilipoyas, sin olvidarse del Presidente de los Estados Unidos que es el mejor y se sacrifica por todo el mundo.
Y aunque muchas escenas estén cargadas de tensión, incluso algunas contadas bastante emotivas... la reacción predominante que tuve durante la película fue un continuo ¡Venga ya!
11.6.09
De símbolos mal empleados.
Mira, yo no soy rasta ni sigo mucho la cultura aunque sí que de vez en cuando escucho reggae, el caso es que estoy cansado de ver en tantos carteles anunciando conciertos de esta música o en imágenes relativas a la cultura que se coloca la bandera rastafari al revés. Esta bandera está compuesta por tres franjas tricolores, rojo, oro y verde. El rojo representa la sangre de los mártires, el dorado o amarillo la riqueza y la prosperidad que África, de donde proviene este movimiento, tiene que ofrecer. El verde simboliza la tierra y vegetación de Zión (Etiopía).
Al mostrar siempre esta bandera al revés como hacen los incultos que creen seguir esta cultura, están colocando el rojo debajo del verde, es decir, la sangre bajo tierra, lo que simboliza ''Muerte''.
Me resulta bastante lamentable levantar símbolos y banderas si no se comprende su significado, ya que el incorrecto uso de estos símbolos lleva a equivocaciones y a errores.
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