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20.2.12

Viajero estético de bolsillos vacíos.


No hacía mucho que me había quedado sin trabajo ni dinero, era lo habitual en los tiempos que corrían –o más bien, desandaban- y desde que tengo memoria recuerdo haberme dicho que jamás sería un sintecho durmiendo entre cartones en la sucursal de cualquier banco-sanguijuela, así que me fui derecho a la editorial Random para proponerles una idea descabellada a modo de negocio arriesgado, les propuse que me financiaran una vida errante rumbo a las cimas tibetanas a cambio de enviarles semanalmente mis desventuras en la carretera, como una suerte de Jack Kerouac de la era tecnológica con un teléfono portátil en el bolsillo trasero y una grabadora de mano  digital, gafas de sol polarizadas y bambas cómodas y robustas… todo un lujo para tratarse de un hombre pobre antaño niño rico. Lo curioso es que picaron, y ahora escribo esto tras mi primera jornada de nomadismo, a unos cuantos kilómetros aún de Bayona. 

26.5.10

Baldosín.

-Pues ahora os acompaño un poco que tengo que ir a sacar... ¡Ah, no! si hay un cajero aquí al lado...-sonrió complacido.
-No, ese cajero no funciona. Algún desalmado metió un azulejo por la ranura de las cartillas... eh... voy al baño, vengo ahora.
-¡Espera! ¡El baño es por ahí!

Era el único azulejo que había encontrado que no estaba roto... lo pensé mejor y me lo llevé a casa para usarlo de posavasos. Por el camino amenacé a los transeútes. -¡Tengo un baldosín y sé cómo utilizarlo!-

21.1.10

Sanguijuelas.

Y mientas la gente envía donativos a Haití, los bancos cobran sus comisiones.
Por favor, envíen donativos a los banqueros, que según parece no tienen para poner un plato en su mesa.