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23.4.12

El viajero sentado.


«La mejor soma es la distancia voluntaria», con esa frase empezaba mi libro, quizá no sea el más conocido de los que me han publicado, pero sí de los que más orgulloso me siento. Se trata de una recopilación de los viajes que hice cuando era joven.

Yo era entonces un muchacho tranquilo, acostumbrado a imaginar para tener y cauteloso con la llave de su amistad, pero vayamos al grano, mi historia comienza en aquel día en que, sin saber cómo, me levanté adulto. Fue como mirarse en el espejo de lo que quieres ser y ver ahí a otra persona, y que en el mismo reflejo ella te coja de la mano y te susurre secretos al oído.

Llega quizás un momento en la vida de todo hombre en la que la felicidad está lejos de aquello que amamos.

Un solo gramo de soma —o una sola unidad básica de distancia— cura diez sentimientos melancólicos.

6.3.12

Distancia.


         No me oigo pensar últimamente, no comprendo mi mal humor. Me escribo en el brazo cosas como «sorri» o «não se esquece de você» para levantarme el ánimo pero apenas funciona, supongo que llevo demasiado tiempo en un mismo sitio y eso me cansa, como si necesitara continuamente unas vacaciones… como si de repente todas las cosas con las que había aprendido a convivir se volviesen fieros monstruos y mis propios demonios recuperasen sus carnes para atormentarme en sueños y lo que es peor, también cuando creo que estoy despierto.

         De nada sirve pensar que todo está mal, me repito constantemente, y de hecho no está mal, sólo desordenado, como al despertar de una amnesia caótica y darse cuenta de que ya no eres el mismo que se acostó anoche con el pulgar entre las bienhechoras fauces y la otra mano entre las rodillas rasgadas.

         No son más que dos pedazos de madera unidos por una espiral metálica, dicen, igual que no son más que hojas de papel dobladas con mala praxis y un par de grapas… pero hacen falta mis ojos para verlo, creo, que es la mejor joya fruto de un árbol de colores y un puñado de poesía tierna y subterránea que reconforta mi espíritu. Tal vez sea eso por lo que estoy algo triste, porque parece que sólo yo veo tales tesoros.

         ¿Tan efímera es la felicidad y los medios para conseguirla? Odio sentirme triste y eso hace que lo esté aún más, odio escribir estas palabras y odiaré leerlas mañana y saber que sentí de verdad todo esto, aunque sea mentira… me refiero a que me siento solo pero sé que no lo estoy.

         ¿He dormido poco? ¿He comido peor que la otra semana? Quizá sea eso… pero no es justo que algo tan banal controle de esta forma mi vida… que rehúya de rostros conocidos y les desee la distancia para conmigo, que sólo me sienta cómodo en el calor de mi jersey de rayas con Cartola y Vinicius anhelando el sol de Ipanema.

         Me puedo prometer despertar mañana con una sonrisa de nuevo, sabe el Sol que lo intento…