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6.5.14

O.

O. se vio dentro de un cubo dentro de una burbuja que flotaba entre más burbujas y así. Después se giró y cerró el círculo otra vez, que es lo que pasa siempre. Se dijo: «Transmitimos nuestros errores de generación en generación hasta que haya una que dé con la tecla y aprenda de una vez o lo que llaman Nirvana». O. se puso las manos delante de la boca como imitando un gran mostacho y entonces musitó: «Soy O. y hoy voy». Paparpadeó y se mojó los dedos con la lengua para pasar de página, si es que sabe más el viejo por viejo que por zorro. O., que solía caminar siguiendo las mariposas azules esperando encontrar alguna amapola sola allá, fuera del muro. O. se durmió hecho un ovillo o una oruga y después contó ovejas. O. hecho un círculo, soñó: «La NADA es igual de grande que el TODO o, si no, ¿CÓMO?». Pero así le pasaba a O. con casi todo, como al dodo. O. se desnudó para darse un baño y cuando estuvo bien remojado y enjabonado se sumergió entre las burbujas y entonces O. se vio dentro de un cubo.


18.4.12

En el espejo contemplando jazz.


Hace ya tiempo que sueño con conocerte mientras duermo en mi caja bajo tierra. De todos modos no veo. Si tengo agujeros en vez de ojos.

Alcanzo a vislumbrar ahora lo que quiero ser cuando me miro en el espejo olvidando mi cuerpo y dejando que mi alma se asome un poco.

Veo sus ojos alejándose siempre de mí, aunque ahora pienso que quizás sea porque en verdad no son los suyos. Veo muebles de madera vieja y mimbre, veo guitarras desafinadas y lápices sin punta. Veo ríos de menta y barro, cantos rodados haciendo saltos de rana y música acuática bajo las plumas de los pájaros. Veo un pingüino bailando torpemente. Oigo más mis silencios que mis hablares. Siento el tacto de las hojas de los árboles y los libros, de las acústicas cuerdas en cajas de madera, de las nubes al rozarlas desde abajo.

Soy ese acorde al que no llegan los callosos dedos de un zurdo distraído. Soy la luz de un flexo desteñido y el solitario amanecer de la ciudad. El desordenado escritorio y la pared llena de post-its.

Y me acuerdo de mis colosales guantes de jardinería en la alta hierba a la sombra del manzano y el roble, del rugir de las olas enfrentándose a la fría y gris roca desnuda de los calizos acantilados respirando con la hermosa furia del mar.

Así que… apenas consigo distinguir la nariz y la boca y el peinado entre toda esa neblina verde y amarilla y azul y blanca.

Y el pequeño y ajado cuaderno de bolsillo… ahora pienso en la insoportable levedad del ser, en cuán livianos e inocuos son nuestros actos en la vida para con el Universo —Aunque eso también lo hace más bonito ¿no?  

Me distraigo cuando parece que estoy concentrado, me distraigo con… todos esos barcos piratas… flotando… por ahí. Y me distraigo también con los pieles rojas cabalgando por Dakota y eso. Me distraigo con el Sol surcando el cielo buscando a una luna a la que nunca consigue alcanzar. Me distraigo sonándome los mocos con un pañuelo de papel muy usado y convertido en una red de hebras trenzadas. Todo eso me hace sonreír, pues cada vez que te pones triste matan a una vieja gorda.

Porque hoy suenan muchas canciones y no quiero escoger una, no quiero separarla de todo aquello que es mi vida. Un tipo cualquiera paseando por la calle tarareando o silbando alguna de ellas ¿Quién no sabe sonreír?

Luego vi su cara y jamás la habría imaginado, así se deshicieron mis sueños. Estoy hablando del futuro, lo cierto es que se supone que yo aún no lo sé.

Mi ya viejo trono de mimbre se queja y cruje bajo mi peso. Cuando era joven, me dice, no necesitaba de abrir puertas ni de levantarse, pues no se caía; no necesitaba pedir ayuda nunca. Quizá no sea tan viejo como mi trono, pero sí que lo soy como para necesitar ayuda; pues aunque quiera que mi camino esté escrito por sólo un par de huellas,  preciso de otro par que me guíe por algunos senderos.

Oteo el paisaje desde mi cofa subterránea en la copa del más viejo y robusto de los robles. Veo la sangre en su sentido positivo, la sangre de todos los hermanos, que son todos. Veo los ciervos y sus pequeñas motas siderales, veo el brillo de sus cornamentas adornadas con abalorios en espiral.

Y la luna azul, apenas reparo en ella y lo lamento. Contemplando jazz.

17.2.12

A solas con un ritmo.


Anoche le hice el amor a una botella y luego me dijo que se lo hiciera a ella, allí mi pez… encuentra el centro neurálgico, está justo ahí, lejos de esa gente que tiene fe en ti sólo por ser escritor de palabras, la que te hace pensar que lo que dices sirve para algo… como ser un jovial poeta inglés que se levanta a las ocho porque no le gusta madrugar demasiado, coge un título cualquiera de Orwell y se prepara una taza de té y un verde de su colega Samir, de Camden… el resto del día lo pasa asomado a la ventana viendo caer la lluvia al son de los Jethro Tull.

***

Yo, sin embargo, sólo soy adicto a ti, a las pizzas hawaiianas y a los kebabs turcos del Imperio Otomano, porque me gusta todo eso… pienso que la Naturaleza está desprovista de la dualidad bien/mal, y por eso veo que los humanos no somos naturales, no pertenecemos a este mundo. Siento mis palabras, pero esta vez es culpa de esta luna que me ha puesto negro el corazón, y yo, que quería una de esas sonrisas dientes-de-gato y viajar en el gatobús a otra constelación muda. En una casa que era media naranja a la que se le había cortado un gajo para servir de templo de Janos, el viento se agitaba eufórico, por llevar tantos adornos… decía: “me he cruzado con mi camino y… me ha dicho que ya no sabe por dónde llevarme…” Yo mientras meditaba acerca de lo que hacían con los peces del lago ahora en invierno, cuando se congela… todo son desperdicios en cuadernos llenos de tonterías… pingüinos con gafas que beben ginebra de una pecera, sin que nosotros sepamos si comemos perdices o estamos en la horca, o en cualquier rebaño, que es lo mismo. Ahora parece que ya han vuelto las cigüeñas, mis sonrisas aladas… y lo demás está en blanco.

Kazav

15.2.12

Renacimiento.

Llevo una semana extraña, en blanco, y no por que no haya pasado nada, todo lo contrario, pero ya habrá tiempo para eso. Esta vez me desperté, como muchos otros días, con ganas de cambiar algo, vivir más y hacer cosas, así que salté de la cama, me duché y me puse a pensar en todo lo que he hecho hasta ahora y todo lo que quiero hacer... me gusta mi vida, no está nada mal, pero siempre se puede aspirar a algo mejor, a una suerte de Nirvana o algo así, como en aquel póster de "Hoy es el primer día del resto de tu vida", son ganas de no dejar de sonreír, porque todo va bien.


Entró el sol por la ventana y me dio en la cara, haciendo que me despertara, soñaba que flotaba en tu vientre, mamá, que volvía a nacer, que me creaba, que recobraba las ganas de vivir, que la vida aún tenía mil regalos para mí. Soñaba que volvía a respirar bien, y he saltado de la cama con las pilas a cien. Con las ideas oxigenadas, de lo que quiero ser una visión clara, ya no hago un drama por nada, la vida era distinta como yo me la tomaba. No es hacer, no es tener, es ser, es amar, es crear, no es huir ni temer, yo, si me olvidé de mi mismo por demasiado tiempo, da igual, porque hoy es mi renacimiento.
Ninguna droga joderá mi libertad, no quiero dañar mi cuerpo, no quiero fingir, quiero realidad, voy a decir la verdad en todo momento. Hoy soñé que podía cambiar, nada cambias si nada cambia. El mayor amor lo tengo a mi persona, ni me quiero matar ni me quiero morir, perdona. No me gusta ser un infeliz, quiero respirar por la nariz, quiero el puro sentimiento sin alterar, quiero que el tiempo sea una línea vertical, quiero poner fin al motín de mi mente y que mi alma vuelva a reinar, si me olvidé de mi mismo por demasiado tiempo, da igual, porque hoy es mi renacimiento.
Voy a mirarme en el espejo y me voy a perdonar, por fin, por el daño que me he hecho. Voy a mirar ahí dentro y voy a bañarme en mi propia luz de salud y conocimiento. Porque es mi vida lo que está en juego, nada más importante, ya que es lo único que tengo. Voy a quererme y a cuidarme a partir de hoy, no quiero recuerdos ¡necesito vivir más!¡allá voy!

18.8.11

Viejos conocidos en Alabama.

No era una noche como cualquier otra, en cierto modo sí... la bombilla roja del Danny's Jazz Black Box reinaba en un ambiente tenue y silencioso, los fumadores pasaban frío tras la colorida puerta vidriada y pequeños grupos tomaban café y cerveza en torno a mesas recicladas y prestaban atención a la muchacha que leía en voz alta sobre el pequeño escenario.

Yo tomaba una Murphy's en la negra barra mientras tomaba alguna que otra nota en mi raído cuaderno, pronto advertí que lo que leía la chica del escenario era El Pájaro Azul de Bukowski, e hice una pausa en mis pensamientos para escuchar cada palabra, cada lamento del maldito.

Alguien se sentó entonces a mi lado y me dirigió unas palabras con una voz familiar. -¿Perdona?-contesté.-No te acuerdas de mí ¿verdad?-dijo con una sonrisa.  Fue entonces cuando recordé su cara.
-¿Fawn? ¡Joder, cuánto tiempo! ¿Cómo te va todo? ¿Qué haces por aquí?.
-Bueno... mi padre ha muerto...
-Oh... lo siento...
-No pasa nada, llevaba ya años sin verle, apenas teníamos relación.
-Vaya, pues... esto... ¿vas a quedarte mucho por aquí?
-Aún no lo sé, pero aprovecharé que tengo la casa para mí sola para empezar una vida aquí, aunque sea por un tiempo... acabo de salir de una relación y... bueno, quisiera alejarme de todo aquello... ¿A ti qué tal te va?
-Ah, a mi bien, siempre bien, no puedo quejarme. Escribo algunas líneas para un par de revistas, no pagan mal del todo, me llega para vivir cómodamente... ¡vaya! lo olvidaba... ¿quieres tomar algo?
-Me sentaría bien una cerveza, gracias.

Y pasamos la noche hablando de los viejos tiempos en aquella polvorienta barra acompañados por el sonido del contrabajo, la batería, el piano y el melancólico saxo de John Coltrane... Lo cierto es... lo cierto es que necesitaba recordar todo aquello, todo lo que pasó y lo que pudo haber pasado, las sopas llenas de espinas y el desierto, aquel desierto... creo que llamaré a mi psicólogo, Howard, necesito hablar con alguien de todo esto.