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9.10.12


He quedado conmigo mismo para ignorarme. Tengo los pies fríos. Pasaré a limpio aquel cuento que escribí en una gasolinera. Dentro de un rato. Tal vez luego me tome una cerveza, de momento me quedaré aquí escuchándome y encendiendo cerillas.

Se rompió el delgado cordón de cuero de mi nuevo monedero viejo de piel. Era de mi padre. Bajo la solapa está escrito PABLO con letras sencillas y negras.

Hice un dibujo el otro día. Un árbol con un payaso de sonrisa pintada ahorcado. Y un kiwi en una rama buscando su nido, que está en otra. Y una anillada cola de lémur asomando entre las hojas. A los pies del árbol hay una flor blanca y amarilla llorando, y más allá un gordo desnudo con gafas de sol y sombrero de paja carcajeándose mientras señala con su dedo gordo al payaso muerto. También hay un oso con una manzana en la zarpa, y una serpiente que parece haberse tragado un elefante y una tortuga Casiopea en cuyo caparazón se puede leer why not? con letras sinuosas. Un poco más allá hay un cerdo con cuerpo de caja fuerte y patas de cocodrilo que sueña con ser una salchicha alada con hocico y pequeños ojos negros. Sobre el árbol, Pan toca una armoniosa canción con su flauta y un pájaro azul emerge de entre las ramas con las alas azules extendidas. Y más arriba hay una lata con una carita sonriente y otra carita triste que además también tiene alas. En la esquina superior izquierda de la hoja cuadriculada hay un bonito pez naranja de grandes y profundos ojos negros que está algo ausente del resto. Vuela por encima, pero en verdad nada en un agua invisible. Creo que ese pez soy yo.

Pues creo que me da lástima de veras que se haya roto ese delgado cordón de cuero, porque ahora no podré llevar el monedero viejo de piel colgado del cuello.

Supongo que todo es tan sencillo como hacer un pequeño nudo en cualquier cordón que se nos haya roto, más que nada, para no ir perdiendo los globos cuando haga viento.

5.2.12

La carta robada.


El objetivo entonces era destruir lo que quisiéramos, hacer nuestras propias reglas… al menos en lo que escribíamos. “Podríamos esconder más cadáveres, es divertido” decía el viejo payaso gordo mientras hacía hueco en el relleno de aquel oso de peluche gigante de feria donde ocultaríamos a nuestra última víctima. “Ni hablar” dije yo “estoy harto de todo esto” y me fui con mi petate lleno de ropa sin lavar. Me había cansado de cavar tumbas todas las noches, pero aún más de servir de entretenimiento a esa gente sin vida, sin caras, no eran para mí más que nombres de cuentas bancarias, ricos más pobres que los pobres que pretenden ahogar su aburrimiento buscando estímulos inocuos y toda clase de mierdas, mierdas caras.

Así llegué aquí, con los pies destrozados después de horas de caminata con la fría luna reflejándose en el asfalto, lleno de cerveza, compareciendo indefenso ante páginas en blanco bajo las incandescentes luces de una barra, envuelto en conversaciones insulsas con ojos tristes que como yo extinguen sus gritos en cada trago.

Tenía que dejarlo, ya apenas conseguía poner algo de orden en todo aquello que parpadeaba en mi cabeza y me hacía tiri-tiritar ¿quién era yo? quiero decir… ¿cuál era mi papel? quisiera decirle a Nina ahora mismo que se callara un segundo y me dejara escuchar las voces de todas aquellas de las que me enamoré en sueños, y ya está.

Cuando era joven podía recordar cualquier cosa, hubiera sucedido o no.
Mark Twain

29.10.11

La muerte del payaso.


se acabó la tragicomedia. se acabó el circo. yo lo he visto. mi maquillaje está reseco y se desquebraja en mi barbilla. ahogo mis penas en whisky y ginebra. el látigo del domador ya no chascará nunca más, los leones no lucharán y los tigres no rugirán. así que… bebamos todos por la muerte del payaso. la adivinadora de fortuna está muerta en el suelo. nadie la necesitará nunca más. el entrenador de insectos está agachado sobre sus rodillas buscando patéticamente a las pulgas fugadas.

así que bebamos todos por la muerte del payaso.


¿y quién era aquél payaso? ¿acaso era yo? tal vez yo sea nadie... y ella la adivinadora de fortuna. o quizá sea el domador que no consigue amansar a las fieras. sé sincera. no tenemos nada que hacer. yo soy el loco buscando pulgas fugadas. yo soy el circo. ¿soy el circo? ¿o ya se ha terminado? el dado no tiene razón. no la tiene tampoco otro trago. ni travis calzado en deportivas nuevas y sigilosas. no tiene razón nadie. son animales. lo somos, sí, no tenemos nada que hacer. estoy atrapado porque quiero irme sin equipaje pero tengo una maleta muy pesada entre mis brazos. una maleta que no quiero soltar. no, nunca. es la pequeña niña india que me pide que busque un libro que prestarle y no encuentro más que sudokus y guías televisivas.

no sería una mentira decir que es la canción más bella y más perfecta que he conocido. la canción más bella que en otra noche de insomnio y tenues luces neblinosas mr. tambourine me tarareó al oído. jamás podrás tocarla con esas ajadas cuerdas de guitarra. me dijo. pero nunca podrás olvidar su melodía. y quizá por eso beba… por la muerte del payaso.

me senté otra vez en el taburete de cualquier bar, con cualquier periódico a la luz de una cerveza. ¿cómo está el mundo? me preguntó mi pájaro AZUL. a él no le importa el mundo. pensé. él es el MUNDO. el mundo no está tan bién. contesté. en el mundo mucha gente espera en el sofá sin trabajo esperando poder poner un plato en la mesa para sus hijos mientras oye en televisión que hay mucha gente esperando en el sofá sin trabajo esperando poder poner un plato en la mesa para sus hijos. y se olvidan de que mucha más gente pierde un hijo cada día. con barrigas hinchadas. y moscas. con los ojos llorosos de no conocer más que arena y hambre. en este mundo hay gente que se alimenta de bits y pantallas táctiles y manzanas mordidas y hace colas por subir otro escalón en la pirámide babilónica de la MÁQUINA. mientras pies descalzos y astillados caminan sobre escombros para encontrar otro trago de agua. no tenemos nada que hacer. el payaso a muerto. tintin ha vuelto. botero engorda a jesucristo. dylan sobrevivirá a picasso. eta en paro. el payaso. el único loco que nos hacía sentir cuerdos. ha muerto. ahora nosotros somos los locos.
cómo está el MUNDO. y mi pájaro aletea impaciente por saber la respuesta. pués no la sé. le susurré. no la sé, compañero. sólo sé que el payaso ha muerto. no me gustan los payasos. no me gustaba ese circo. no me gustaban los llantos entre aplausos ciegos y sonrientes cuando se bajaba el telón. ahora el circo ha muerto y yo sonrío de nuevo.