A los tejones no nos gusta mucho la luz del día, estamos más
cómodos en nuestras profundas madrigueras subterráneas. No hacemos mucho ahí
dentro, pero es lo que hacemos. Ni siquiera nos molestamos en comer demasiado
si no encontramos ningún topo o alguna triste e insípida lombriz. Pasamos sed
bajo tierra, y tampoco salimos a beber un poco en el arroyo, nos conformamos
con mascar alguna raíz húmeda. En lo más hondo de la madriguera, nos desparramos
panza arriba y nos hacemos cosquillas en el pelaje de la tripa como tocando
canciones folclóricas de tejones, también nos gusta mirar fijamente cualquier
roca que nos encontremos, como leyendo sus historias. Si soy sincero, por muy
agradable que sea mi vida de tejón en la madriguera, cuando me acuesto por las
noches en mi cálido cubil, se me hace extraño no haber olido bien el aroma de
los árboles y no haber sentido la fresca brisa del invierno en el rostro, pero
sobre todo se me hace extraño no haber encontrado una bonita tejona que me haga
compañía cuando grabe con mis zarpas mis historias en las rocas.
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5.11.12
25.8.11
Patos en V.
Tal vez sea por la cantidad de horas que he estado últimamente con los ojos secos ante la pantalla deseando cerrarse o mis dedos callosos salpicando llamas del número 2, o que echo de menos a Poe, o que me estoy volviendo loco... pero creo que he visto a una familia de patos bañándose en mi piscina.
Tengo tantas historias que contar... muchas, en serio. Espero poder ponerme algún día, quizás dentro de un mes, cuando todo vuelva a la normalidad.
Tantas agujas de coser, música alta, zapatos de claqué... y a mí sólo me apetece una balsa hecha con palmeras y beber la leche de aquel coco peludo de ahí.
Pronto los patos se irán volando en formación de punta de flecha... pero, ¡ey! estoy bien, le sacaré brillo a mi escritorio para cuando vaya a usarlo.
Mientras tanto...
Tengo tantas historias que contar... muchas, en serio. Espero poder ponerme algún día, quizás dentro de un mes, cuando todo vuelva a la normalidad.
Tantas agujas de coser, música alta, zapatos de claqué... y a mí sólo me apetece una balsa hecha con palmeras y beber la leche de aquel coco peludo de ahí.
Pronto los patos se irán volando en formación de punta de flecha... pero, ¡ey! estoy bien, le sacaré brillo a mi escritorio para cuando vaya a usarlo.
Mientras tanto...
28.11.10
Arriba, donde los calcetines.
Una vez más, me quedé sin historias que contar -aunque me quedan algunas que me reservo para mí solo- espero que ésto no dure mucho porque... ya es algo necesario. Deambulo por cada rincón de mi cabeza buscando las palabras que sé que había en algún cajón de más allá. No sé si lo que me afecta son las cosas que pasan o las que yo me imagino, alguien, supongo, lo entenderá algún día.
Que pase este día, o esta noche, o lo que sea. Quiero que vuelva.
Que pase este día, o esta noche, o lo que sea. Quiero que vuelva.
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por
'P. Lavilha
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