16.3.11

¿Sucedió de verdad?

El otro día salió a la luz el tema de los sueños y la imaginación relacionados con la experiencia, no hubo tiempo a profundizar demasiado, más bien nada, pero lo dejamos como tema a discutir frente a un par de cervezas y bolsitas de té en Damasco, donde los barcos se ponen del revés para servir de cobijo.

Yo propuse, y de momento aún mantengo, que los sueños y la imaginación y las luces de colores y los globos y todos los animalillos que puedan asomarse al interior de la mente de alguien pueden ser considerados como experiencias válidas.

¿Nunca habéis sentido pavor en una pesadilla? ¿Verdad que sí? ¿Y por qué, si ese miedo es real, no se puede considerar como real al agente instigador del mismo?

Yo, objetivamente, he nacido en una ciudad ahí arriba, donde todo es verde y el mar se huele cercano, vivo ahora en otra más pequeña donde los adoquines te hacen tropezar y el horizonte es una línea naranja, he estado en otras tantas y he visitado parajes de una inmensidad tal que tienes que sentarte en la hierba y apretar los puños para poder soportar tanta belleza a tu alrededor y el, en este caso, agradable sentimiento de sentirte tan pequeño que ese lugar seguirá igual de puro cuando ya no estés.

Sin embargo, y a esto quería llegar, subjetivamente y según lo que yo entiendo como experiencia, he estado por todo el mundo, desde el más frío glaciar hasta el más seco desierto, en la más alta cima y en la cueva más inóspita, en Marte, en Júpiter y en la estrella Vega. He visto a hombres fuertes y barbudos fabricar las primeras herramientas y fui testigo de la destrucción de la Tierra en la VII Guerra Mundial. He muerto ya una vez quedando atrapado en el Pub Limbo, he bebido cerveza con Hunter Thompson y Bukowski mientras Allen Ginsberg nos recitaba versos de Aullido, he viajado en destartalados vagones de tren con Jack Kerouac y Alexander Supertramp, he navegado por la polinesia, he naufragado ya una docena de veces entre niños con caracolas y tesoros del capitán Nemo, he matado, he robado, he dado vida, he bailado por campos de fresas, he estado en Amsterdam, en Berlín, Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Chicago, Londres, Nueva Orleans, París... y he viajado en globo.

Y he viajado en globo y sé a ciencia cierta que lo he hecho porque es lo único en el mundo que no me podrán quitar. Eso, realmente, soy yo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero como me gusta lo que escribes Señor P al cuadrado. :)

Cómo bien dices, lo que imaginas, lo que sueñas o lo que lees te dan experiencia, te crean emociones...
Pero no vale solo vivir con la mente (aunque está genial ser capaz de hacerlo)
Hay que levantarse, moverse, realizar acciones, conseguir experiencias... eso es vivir.
No digo que unas sean más reales que otras, ni más o menos válidas...
Pero el cuerpo y el espíritú si notan la diferencia que hay entre respirar aire puro eimaginar que lo haces...

Pero sigue en pie profundizar sobre el tema con unas birritas!!
xD

P. Lavilha dijo...

Bueno, ya sabes que no digo que puedan ser las únicas, pero está claro que algo son.